Parte 11

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Volvieron a salir a la carretera. Esta vez Iker se sentó en la parte de atrás con Germán y dejó a Martín junto a Valeria, detrás de Bea.

La carretera estaba bastante tranquila, apenas había coches y avanzaban a buen ritmo. A los lados de la autopista se extendía el paisaje seco, salpicado por algunos matorrales. A esa altura pasaban a menudo por salidas hacia pueblos y ciudades. A lo lejos se veía la sierra sin un ápice de nieve.

El viaje estaba siendo más apacible desde que dejaron atrás el área de descanso. Hugo había puesto algo de música y solo se dirigió a Bea para ofrecerle un chicle.

—¿Toda España es marrón? —preguntó Valeria, que llevaba un buen rato contemplando el paisaje.

—Este año está más verde de lo normal, normalmente es aún más seco, más marrón. El norte es más verde, ya lo verás. —respondió Iker.

—¿De qué color es Perú? —preguntó Germán.

—No lo sé —contestó Valeria.

—Solo te acuerdas de México, ¿no? —dijo Iker.

—Sí, me fui de chiquita de Perú, no lo recuerdo —dijo Valeria— pero sí recuerdo México, por lo que recuerdo era bien verde.

Martín había estado callado todo el tiempo. Alternaba su atención entre la ventana y el móvil al que miraba cada minuto. Estaba en fase de mirar absorto por la ventana cuando su móvil vibró y le sacó de golpe de su trance. Revisó el móvil de inmediato para comprobar que solo se estaba quedando sin batería.

Decepcionado le pidió a Hugo que lo pusiera a cargar usando un cargador que salía del salpicadero.

Después volvió a sumergirse en sus pensamientos, mirando por ventana. A los pocos segundos se le llenaron los ojos de lágrimas. Bea metió el brazo entre su asiento y el de Hugo y trató de tocar a Martín.

Martín carraspeó, las lágrimas desaparecieron y cogió la mano de Bea. Bea le acarició la mano con el pulgar durante unos segundos y sintieron como otra mano aprisionaba la de Bea y la de Martín. Era la mano de Valeria.

—Esto es muy lindo —dijo Valeria pasados unos segundos—. ¿Qué significa?

Bea y Martín se soltaron y rieron aliviados y la pobre Valeria se quedó con la duda.

Empezó a sonar "The Trooper" de Iron Maiden muy alto. Bea y Martín miraron a Hugo extrañados de que esa canción estuviera en su playlist.

—Hola Lu —dijo Germán segundos después de que la canción parara. Era su tono de móvil—. ¿Cómo estás? —esperó que alguien contestara al otro lado— estupendo, yo bien. No, que va, aun no estamos ni en Segovia. —Germán hizo una pausa— Nah, vamos con tiempo, hasta las nueve no empieza. Tú no vuelves hasta el domingo al final ¿no? Se me va a hacer largo estar tanto tiempo sin ti, princesa.

Bea se tragó el chicle y empezó a toser escandalosamente.

—¿Beatriz? —susurró Hugo sorprendido, pasándole una botella de agua.

Bea bebió y dejó de toser, pero seguía roja.

—No me digas que el melenudo... —susurró Hugo escandalizado.

—Cállate —le ordenó Bea en voz baja.

—No puede ser —Hugo se tapó una mano con la boca para disimular la risa, seguía susurrando— destrozahogares.

—Que te calles.

Hugo guardó silencio mientras observaba con malicia la reacción de Bea.

—¿Casi ochenta? Por Crom, sí que os habéis juntado unos cuantos. Aquí somos seis en total. Gente maja. Lo único... tienen las hormonas descontroladas —dijo Germán riendo— es increíble, parecen marineros que acaban de llegar a puerto.

Si me dices que noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora