Parte 41

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Se largaron del allí atravesando la multitud.

La lógica podría indicar que alejarse del escenario sería más fácil que acercarse a él, pero el público estaba enloquecido, tratando de aprovechar al máximo los últimos momentos del concierto, y era complicado avanzar hacia atrás.

Afortunadamente los amigos de Wences no les siguieron, y tardaron poco en perderles de vista.

Hugo miró hacia atrás. Bea le seguía, agarrada a su mano. Estaba tan aturdida que se habría dejado llevar a donde fuese. Miraba al suelo y parecía terriblemente frágil.

Reprimió sus ganas de abrazarla. Después de todo el manoseo de Wences, no era lo que ella necesitaba.

Tiró de ella para que siguiera avanzando, pero ella se detuvo en seco.

—¿Dónde está Valeria? ¿Qué le pasa? —dijo Bea por encima de la música, obligando a Hugo a parar. Seguían rodeados de gente.

Hugo se había olvidado por completo de aquello. Se acarició la cara, preparándose para recibir él mismo un puñetazo.

—Nada. No le pasa nada. —No tenía sentido seguir con aquello.

—¿Qué? —gritó Bea pensando que no le había oído bien.

—Tenía que... —Hugo tragó saliva. Había demasiadas cosas que no quería o no sabía explicar a Bea. Decidió optar por la ambigüedad—. Tenía que sacarte de ahí. Val está bien.

La canción se acabó y la luz les iluminó un par de segundos, antes de que el público se pusiera a aplaudir y gritar. Bea soltó la mano de Hugo. Se debatía entre estar confusa y estar cabreada.

—Me has mentido.

—Sí.

—¿Qué cojones pasa, Hugo?

Valeria lo había entendido

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Valeria lo había entendido.

Todo aquel caos, todo aquel ruido y aquella multitud, que en un principio le habían resultado tan marcianas, ahora tenían sentido para ella.

No se trataba solo de la música. De los riffs pegadizos, de la velocidad de algunos temas, de la tralla. De canciones que habrían sido pura épica si no tuvieran aquel toque sucio, aquella rabia, aquel sonido que hacía crujir los amplificadores.

Apenas pudo entender las letras, y lo poco que distinguió no tenía demasiado sentido para ella. Germán le aclaró de qué trataban algunas de las canciones. Pero para Valeria significaban otra cosa. Para Valeria hablaban de furia. De rebelarse con furia y fuerza contra los golpes de la vida.

Por otro lado, estaba el público. Cientos de personas totalmente entregadas a ese sonido, al mensaje que cada uno recibía. Recordando los momentos que habían vivido escuchando aquella música. Cantaban y tarareaban juntos. Conocían todas y cada una de las canciones. Se le ponían los pelos de punta al escuchar todas aquellas voces roncas, desafinando, sucias, pero cantando al unísono. Alzando los brazos, saltando, disfrutando.

Si me dices que noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora