Parte 37

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—Yo nunca pensé que podrías llegar a caerme bien.

—¿Caerte bien? —Hugo se hizo el sorprendido. La miraba sin dejar de sonreír— ¿Quién eres y que has hecho con mi Beatriz?

Bea rio y le hizo una señal para que acercara.

—Soy Bearro —le susurró al oído—. Nunca me fui.

—Maldita sea —Hugo se sentó a su lado—. No es fácil deshacerse de una criatura del lodo.

—No lo es. Prevalecemos. Podemos sobrevivir escondidos debajo de las uñas, como si fuéramos vulgar roña.

Bea estaba jugueteando con el vaso y se le cayó. Hugo lo recogió y cuando se lo fue a dar sus manos se rozaron. Se hizo un incómodo silencio.

—¿Be está bien? ¿Estás en contacto con ella?

—Sí —afirmó Bea apartando la mirada. Si no le miraba a los ojos, se le iba la mirada a los labios. Y si le miraba a los ojos sentía que el pecho le iba a estallar—. Está bien, a veces me manda memes.

—¿Le puedes dar un mensaje de mi parte? —La sonrisa de Hugo dejaba entrever un mensaje poco inocente.

—¡Hugo! —gritó Erica de lejos— ¿Vienes?

Hugo le hizo una señal para indicar que iría más tarde. Así que Erica, haciendo caso omiso, fue hacia donde estaban.

—Te vas a quedar sin beber —dijo Erica ofreciendo servirle más alcohol.

Hugo se limitó a enseñarle la botella casi vacía que tenía en la mano.

—Esa la hemos usado para jugar. Venga, que estás muy sereno —dijo Erica poniéndole ojitos y cogiéndole de la mano.

Bea se puso de pie y sus amigas se acercaron en cuanto la vieron.

—¡Camino! Vamos a darle eso a Be —gritó Lara que iba con Raquel.

Ante la amenaza de tantas mujeres juntas, Hugo se puso de pie y se dejó arrastrar por Erica.

—Te hemos comprado las mejores zapatillas de todo Bilbao. —Haciendo gestos solemnes, Lara entregó una caja de zapatos a Bea.

—Las mejores zapatillas de menos de quince euros —puntualizó Camino.

—Gracias. —Bea miró con aprensión la caja—. Estoy segura de que os habéis esforzado para pisotear mi dignidad. —Bea examinó la caja sin abrirla—. ¿Purpurina? ¿Zapatillas plateadas? ¿Doradas? ¿Zapatillas con tacón? ¿Zapatillas de Bob Esponja?

—Tía, Be. —Lara la miró molesta—. ¿Por quién nos tomas?

—Eso nos ofende —dijo Camino.

—Qué desagradecida. —Valeria acababa de unirse a ellas.

—Ya —Bea las miraba con recelo—, como si no tuviese en mi armario un disfraz de enfermera porno de aquel Halloween en el que no me tenía que preocupar porque teníais "el disfraz perfecto".

—¿Lo sigues guardando? —dijo Lara con malicia.

—¿Te lo pondrás por fin este año? —preguntó Raquel.

—Tía, no es un disfraz, es ropa porno —dijo Bea.

—Es ropa igualmente —aclaró Lara—. Ropa que tus amigas eligieron y compraron con amor.

—¿Igual que la camiseta de One Direction?

—Eres la única mujer en el planeta a la que no le gustan One Direction —Lara hizo un gesto de desprecio con la mano.

Si me dices que noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora