LA DESAPARICIÓN DE CROWLEY

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-¿y cómo se supone que ellos estarán a salvo?

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-¿y cómo se supone que ellos estarán a salvo?

-meh, es más fácil de lo que crees Crowley, solo ya no vivas con ellos, aléjate lo más que puedas y no te les acerques

-p-pero... yo no podría, luché mucho por Aziraphale y... mi niña, la quiero como si fuera mi hija

-lo sé, lo sé, pero créeme es mejor así hijo, así que ¿qué dices?

-...

-ellos tienen que estar a salvo

-... pero tú los podrías proteger Gabriel

-¿yo? ¿protegerlos? ¿de qué me viste cara? Yo soy un arcángel, tengo cosas más importantes que hacer

-pero...

-mira te propongo algo, los dejas en paz y no sé... te consigo un departamento ahí mismo en Soho, cerca del colegio. Puedes seguir yendo a trabajar y verlos de vez en cuando pero... no acercárteles. Es como si fuera un... ¿cómo se dice?... ¡UN DIVORSIO!

-pero no estamos casados

-mejor aún, te ahorras todo ese tedioso proceso de papeleo, tú sabes cómo es todo eso ¿no?

-per...

-¡LISTO! Te conseguí milagrosamente un buen departamento al otro extremo de Soho, es un buen lugar, hay muchas plantas y tiene una amplia cochera tu taaan preciado Bentley ¿qué dices hijo?

-...

-estoy esperando...

-... está bien, pero ¿te puedo pedir un milagro?

-claro, tú dime

-¿puedes convertirme en hombre? Ya no quiero ser mujer, me traerá muchos malos recuerdos

Crowley aceptó la propuesta de Gabriel de separarse de sus dos ángeles, los dos seres que más amaba en todos los confines del universo para protegerlos, de él. Crowley estaba convencido que toda su vida había estado repleta de tragedias y eventos desafortunados, así que no permitiría que por su culpa algo le pasara a ninguno de ellos. Usualmente se pensaría que solo los demonios pueden tentar a las personas, pero por lo visto los arcángeles también pueden hacerlo

Al ya no tener dolor en su cuerpo y al ya no tener a su hijo en su vientre, se sentó en su cama y cerró los ojos. Escuchó los dedos de Gabriel chasquear transformándolo en su antiguo cuerpo masculino. Vestía las mismas ropas negras que usó el día que Beelzebub lo había vuelto mujer

-¿te llevo a tu nuevo departamento? De seguro te va a encantar

-sí, o bueno... ¿me puedes dar la dirección? Quisiera pasar a mi casa por mi ropa y mis zapatos

-claro, solo recuerda que Azira no te puede ver. No quiero que le partas todavía más su pobre corazón

Crowley bajó la mirada, mojó sus labios y negó con su cabeza. Después Gabriel apuntó el dominio en una servilleta y desapareció del lugar. Crowley recogió el papel, lo guardó en el bolsillo derecho de su saco y lentamente se dirigió hacia la puerta. La abrió muy despacio y asomó su cabeza para ver en donde estaba Aziraphale, pero solo había un pasillo vació con extintores en las paredes y el número de habitación en las puertas. Salió silenciosamente hasta llegar a una habitación con largas y trasparentes ventanas de cristal, alcanzó a ver a Kristell que dormida en una nueva carriola que seguramente Hastur le consiguió al haber dejado la original en la panadería la tarde anterior, estaba siendo mecida por su padrino mientras que a su lado estaba el príncipe del infierno abrazando fuertemente a Aziraphale que lloraba descontroladamente en su hombro. Crowley se detuvo y miró desde lejos como él estaba llorando por su culpa, hizo una tensa mueca con sus labios y frunció su entrecejo, golpeó fuertemente la pared y dijo –ojalá jamás hubiera salido de la panadería... ¡ojalá jamás lo hubiera conocido! –y se fue a escondidas del hospital

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