Capítulo 141

1.4K 121 0
                                    


Venus no iría en un Thestral, afortunadamente tenía una mascota que la escoltaría hasta el ministerio de Magia. Era más peligroso viajar por tierra con la pesadilla, sin embargo llegaría al mismo tiempo o incluso antes que los demás. A petición de Alec, había dejado de insistirle para que se fuera con ella, él aun buscaba cuidar de Astrid, muy a su pesar.

Venus vio los intentos de su amigo por subir al thestral. Él encontró una manera de colocar las rodillas detrás del nacimiento de las alas lo que le daba una sensación de mayor seguridad, después miró hacia los otros. Neville se había encaramado sobre la parte posterior del siguiente Thestral y ahora procuraba hacer pasar una corta pierna sobre la espalda de la criatura. Luna ya estaba en su lugar, montada de lado y acomodándose la túnica, como si ella hiciera esto todos los días.

Sin embargo, Ron, Hermione, Astrid y Ginny, seguían parados inmóviles sobre el terreno, boquiabiertos y observando fijamente.

— ¿Qué? —dijo él.

— ¿Cómo se supone que vamos a subirnos? —Dijo débilmente Ron, cuándo ni siquiera podemos ver a esas cosas

—Oh, es fácil, —dijo Luna, desmontándose cortésmente de su Thestral y dirigiéndose hacia él, —Hermione y Ginny. Vengan aquí.

Ella los condujo hacia los otros Thestrals parados alrededor y uno por uno se la arreglo para ayudarlos a colocarse en la espalda de su montura. Los tres parecían extremadamente nerviosos mientras ella les colocaba las manos en las melenas de los caballos y le dijo que se sujetaran firmemente antes de regresar a su propio corcel.

—Esto es demente, —murmuró Ron, moviendo cautelosamente su mano libre de arriba hacia abajo sobre el cuello de su caballo. —Demente... sin tan solo pudiera verlo...

—Mejor espera que permanezca invisible, —dijo tristemente Harry—entonces ¿ya estamos todos listos?

Todos asintieron y él vio nueve pares de rodillas tensas debajo de sus túnicas.

—De acuerdo...

—Alec...—Todos voltearon a ver a la chica que montaba su corcel negro, ese que todos

Podían ver—Debes ir con cuidado, te veré hasta allá.

-*-

— ¿No creen que lo ataron muy fuerte? —pregunto la chica pelirroja poniendo atención a los nudos.

—No lo creo, pienso que de hecho las cuerdas están algo flojas. —la rubia tenía un libro en las manos y ni siquiera volteo a ver lo que su hermana veía.

—Por amor a Merlín, espero que esto salga bien. Si no nos van a matar. —Se podría decir que aquella chica de rojos cabellos estaba nerviosa

—Que graciosa eres, no podemos morir.

—Ya cállense niñas, ella está a punto de llegar. —La más tenebrosa de ellas callo a las otras dos.

Las tres estaban reunidas alrededor de esa persona, era importante que nadie las viera ahí. Por eso ninguna bajo cuando Potter estaba por la chimenea. Tenían ordenes estrictas de no delatar a su ama.

El corcel que ya todas conocían llego, con una figura encapuchada montada en él; la más tenebrosa de las tres chicas bajo a recibir a la figura de negro. Podría ser cualquier persona pero no, ella sabía exactamente quién era.

-*-

Por un momento el Thestral de Harry no hizo absolutamente nada; pero entonces, con un rápido movimiento que casi lo tira del asiento, las alas de ambos lados se extendieron; el caballo se agachó lentamente, para después salir disparado hacia arriba tan rápida y súbitamente que Harry tuvo que apretar sus brazos y piernas firmemente alrededor del caballo para evitar resbalarse sobre la huesuda grupa del animal. Él cerró los ojos y presionó su cara contra la sedosa melena del caballo mientras se estrellaban contra las ramas más altas de las copas de los árboles y se elevaban hacia un ocaso de matices rojo-sangre.

Harry no creyó haberse movido tan rápidamente nunca: el Thestral paso como un rayó sobre el castillo, sus anchas alas apenas se movían; el aire helado golpeaba la cara de Harry; los ojos se le cerraban contra el viento que acometía, miró a su alrededor y vio a sus cinco compañeros elevarse detrás de él, cada uno de ellos tan agachados como les fue posible contra el cuello de su Thestral para protegerse de las poderosas ráfagas de viento.

Ya habían pasado Hogsmeade y se encontraban sobre los terrenos de Hogwarts; Harry podía ver montañas y barrancos debajo de ellos. Mientras que la luz del día comenzaba a extinguirse, Harry vio pequeños grupos de luces mientras que pasaban sobre más aldeas, después un serpenteante camino en el cual un solo auto iba camino a casa a través de las colinas.

— ¡Esto es extraño! —Harry apenas pudo escucho a Ron gritar en alguna parte detrás él, y se imaginaba cómo se sentiría ir viajando tan rápido a esta altura sin ningún medio visible del que sostenerse.

Cayo el crepúsculo, el cielo se estaba tornando de un matiz ligeramente morado y oscuro, salpicado con minúsculas estrellas plateadas, y pronto solamente las luces de los pueblos Muggles les dieron alguna pista de tan lejos estaban del suelo, o de que tan rápido viajaban.

La Promesa De Una WeasleyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora