-         Y, el último equipo en acceder a la final es… -cerré los ojos fuertemente-. ¡Los Tigres de Bengala de Doncaster!

Durante un segundo, nada de lo que había dicho, tenía sentido, pero luego, las palabras del juez resonaron en mi cabeza, provocando que la adrenalina y la emoción me invadieran. Grité fuertemente, salté ya bailé. Creo que abracé a todas las personas a mí alrededor. No me importó sentir que estaba volando a tres metros sobre el cielo. Todo lo que habíamos hecho para estar aquí, había valido la pena.

En las gradas, todos los del equipo de futbol, gritaban y aplaudían nuestros nombres, siendo esta vez ellos los que nos animaban incondicionalmente. Cuando me pusieron en el suelo, un mar de abrazos me asfixió, pero no me importaba. Estaba feliz. Lo habíamos conseguido, pasar a la final era un gran paso, considerando que solo éramos un instituto de pueblo, rodeado de ciudades. Doncaster era grande, a su manera.

Me encontré dando vueltas en el aire, en posición casi fetal, en las manos de Jake. Chillé por la sensación y, creo que empecé a llorar de la risa. Tenía la cabeza de Jake cerca, quería patearle, pero sabía que si hacía eso iba a caer. Dio, este chico me iba a matar un día de estos.

-         ¡Bájame! –grité-.

-         ¡Es un ciclo sin fin, que lo envuelve todo y aunque estemos solos, debemos buscar y así encontrar nuestro gran legado, en ciclo, el ciclo sin fin! –comenzó a cantar-.

-         ¡No la canción del Rey León! –dije mientras reía-.

Grité cuando sentí que sus manos me impulsaban hacia arriba y después no volvían a estar en el mismo sitio, pero solo sentí como caí en su pecho, sin hacerme daño. Sentí como ponía una de sus manos detrás de mi cabeza y acariciaba mi cabello. Me acurruqué allí, sintiéndome como en casa, a salvo, donde sabía que nunca caería.

Un carraspeo hizo que mirara sobre mi hombro. Louis me sonreía con media sonrisa, parecía algo incómodo allí de pie, con las manos en los bolsillos, esperando alguna palabra de mi parte. Me deshice del abrazo de Jake de un salto y, corrí hasta Louis. Creo que oí un gemido por parte de Jake, estaba molesto por mi falta de cariño hacia él. Salté sobre Louis cuando estuve a pocos centímetros de él, abrazándolo por los hombros y cruzando mis piernas en sus caderas. Se tambaleó por mi peso, pero poco después su equilibrio volvió.

-         Lo has hecho –me felicitó, mirándome a los ojos-. Estoy orgulloso de ti.

-         ¿Por eso me merezco un premio? –pregunté pícara-.

Louis rio. –Creo que sí.

No esperé más y, le abordé con un apasionado beso. Gimió ante mi anhelo y sentí como sus manos viajaban de la parte interna de mi muslo hasta mi trasero. Había puesto allí las manos para simplemente sujetarme, pero ahora agradecía internamente el reflejo. Rodeé fuertemente con mis brazos el cuello de Louis, manteniéndolo cerca de mí en todo momento. Me gustaba esta sensación de poder que crecía dentro de mí y, el sentir que estaba volando en ese momento, ayudaba a mis nervios a no manifestarse. Oí como Louis decía algo así como “calma, no me dejas respirar, fiera” y, me puse a reír, bajando la intensidad de mis besos. Sentía como sus besos se hacían cada vez más lentos a medida que pasaba el tiempo. Era dulce. Todo lo que estaba pasando.

-         Es extraño estar así, sin siquiera haber tenido una cita –comentó Louis, divertido ante la posición en la que nos encontrábamos-.

-         ¿Cuenta la salida de la heladería como una cita?

Pareció pensarlo un segundo, antes de negar con la cabeza. –Por aquel entonces todavía no estaba seguro de que me cayeras bien –me guiñó el ojo-. No te preocupes por lo de la cita, esta noche será inolvidable.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!