(Dos años después del primer encuentro).

-         ¿Juliet Jeannette Jaderson?

Mi nombre, lamentablemente, sería siempre mi punto débil. Desde hacía unos años había detestado que las personas utilizaran esas palabras para dirigirse a mí. Todo el mundo sabía que, aunque llevar el nombre de una chica mundialmente famosa podía llegar a ser una cosa genial, hacerlo usando el nombre de la protagonista de una de las tragedias más conocidas, no era muy genial, precisamente.

-         Presente –levanté mi mano perezosamente-. Pero, vamos sé que a mis padres, la idea de que su hija tuviera un ejército de jotas en su nombre les encantó. Sé que me quieren, pero mi nombre me da grima –le dije al profesor de francés, el cual, estaba al frente de la clase apunto de regalarme su sermón de cada día-.

Miré a mis lados. Todo el mundo tenía una mirada de aburrimiento. No los culpaba, esa conversación la habíamos tenido tantas veces, que pensaba dejarlo estar. No valía la pena discutir. Sobre todo si discutes por una cosa que no puedes cambiar. Pero, creo que algunos se alegraban de perder el tiempo de clase tontamente.

-         Juliet. ¿Cuántas veces tendremos que repetir esta conversación? –me preguntó esté arrugando su frente-.

-         Tendremos que repetirla hasta que me llame “July” –le dije sonriéndole con un punto de arrogancia e irritación en mi tono-. Además, tampoco es que Juliet acabara muy bien en la historia.

Esa era, ni más ni menos, que la pura y única verdad. No quería que mi nombre me maldijera, como lo hizo una vez con unos enamorados. Todo el mundo lo conocía, era un hecho el que, llamándome así, tuviera una especie de presentimiento de lo que pasaría en un futuro.

-         Bien, si quieres llamarte como el séptimo mes del año, esa es tu decisión, pero en mi clase serás Juliet. –dijo sonriéndome victorioso mientras yo solo alzaba una ceja en señal de escepticismo-.

Bien, debo reconocer que ese hombre era algo estricto. John Cromwell, ese era su nombre. Era un profesor francés que diez años antes había venido a enseñar a Gran Bretaña. De unos treinta y pocos años, era uno de esos profesores que las alumnas calificaban de “ardiente”, por el simple hecho de  sonreír coquetamente a cada estudiante que le prestaba la suficiente atención.

Hubo un tiempo en el que fui su alumna predilecta. Me arrepiento de hablarle cada vez que lo hago, pero no puedo parar de hacerlo. Es esa sensación de hacer algo malo sintiéndote poderosa al mismo tiempo.

A finales del curso pasado, las animadoras intentamos superarnos a nosotras mismas. Intentamos seducir levemente a un profesor cada una. En teoría, todo era inofensivo, hasta que, por razones que no quiero recordar, gané la apuesta.

El profesor que me tocó seducir fue John Cromwell.

Esa fue una de mis equivocaciones al seguir este juego.

Un mes y medio después del comienzo de las clases y todavía no me acostumbraba a que la gente me llamara por mi nombre. Podía jurar que la mitad de las animadoras no sabían cuál era en realidad. “July” era perfecto a su manera. Al principio penaba que sonaba como el nombre de stripper, pero luego que, después de un tiempo, el significado de cada cosa cambia.

Después de dos años en aquel infierno que parecía no acabarse nunca, mi idea de pasar un rato entretenido en clase, era sin duda discutir con los profesores sobre temas sin sentido todo el tiempo.

Las animadoras, aunque hasta a mí me costaba de creer, eran mi principal grupo de amigos, aunque no el único. Había cambiado tanto en los últimos dos años, que ni yo misma me reconocía en el espejo cada vez que miraba mi reflejo. Había cumplido los dieciséis medio año atrás, así que, definitivamente, era una de las posibles conquistas para los chicos del instituto.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!