-         Por favor.

-         No –repetí por milésima vez en esa conversación que, a ese paso, solamente consistiría en tres únicas palabras-.

-         ¿Por mí? –dijo, intentando hacer que me derritiera poniendo una especie de “ojitos de cordero degollado”. I no, no estaba funcionando-. Te prometo que esta vez todo saldrá bien.

Suprimí un quejido, intentar hacer entrar en razón  ese sujeto era imposible. Ese chico tendría que contar algún día los favores que ya me debía, aunque ese día fuera aun algo lejano. Mi plan para tener un lunes tranquilo, definitivamente no consistía en discutir con chicos antes de empezar las clases. Me había acorralado en el pasillo, justo al lado de las taquillas que, en ese momento, estaban abarrotadas de estudiantes medio zombis a causa del poco sueño.

Me incluía en esa lista.

Miré otra vez al chico que tenía delante, el cual, me miraba fijamente, como si, con una simple mirada, pudiera hacerme participar, de nuevo, en sus disparatadas ideas. Zain y su intensa mirada, eso siempre hacía templar a las de primer año, hasta yo me había paralizado a aquel chico. Con su fácil sonrisa y rasgos atractivos. Definitivamente era idiota por no sentir nada al tenerlo a menos de medio metro.

Zian Malik quería ser actor, así que siempre me había estado apuntando junto a él para hacer los papeles protagonistas. Éramos amigos desde que aprendimos a leer, así que ya no me importaba en lo que me metiera ese obseso de los escenarios.

Bueno, ¿para qué están los amigos si no? Solo sabían ponerte en evidencia enfrente de todo el mundo, así que, en mi opinión, era mejor participar en lo que harían con tu destino. Me conformaría con el destino que ese chico me provocaría.

-         Vale –dije al fin. Causando un suspiro de alivio por parte de él-. Pero no quiero que pase lo mismo que la última vez.

-         Te lo prometo, todo está bien, solo tienes que hacer lo que te digamos y decir un par de frases –me contó, al mismo tiempo que se alejaba lentamente y a espaldas, por el pasillo principal-.

Dejé caer mi cabeza hasta que tocara la taquilla que tenía a mi lado. Esta semana sería demasiado larga y eso que todavía no había empezado. Tenía la impresión que al estar descansando allí, obstruía el paso a alguien, o eso era lo que me indicaba la impaciente mirada de Louis que, en ese momento, estaba puesta en mí.

Había pasado todo el fin de semana sin verlo, no era algo extraño,  pero después de nuestra última conversación, sentía que la relación con él se había estrechado mucho más de lo que hubiera esperado que hiciera.

Lo miré de arriba abajo, no llevaba puesto nada en especial, ni había nada inusual en su atuendo de camiseta y pantalones con deportivas. No entendía por qué siquiera me interesaba lo que estaba llevando, solo era ropa.

Tragué saliva, no entendía cómo podía ponerme nerviosa esa situación. ¿Dónde estaba la chica de los mil amigos en Facebook? Ah, sí, solo tenía a unas cincuenta personas, así que ni existía esa chica.

-         Creo que mi profesor se alegraría de que trajera el libro –dijo, dedicándome una media sonrisa, la cual hizo que me percatara de mi posición: estaba recostada en la taquilla de Louis-.

Me moví rápidamente, aunque sin hacer movimientos muy bruscos o torpes, siempre en esas situaciones un lado de mi cerebro no conectaba con el otro y mi cuerpo parecía el de un robot estropeado al que le faltan pilas. Sí, creo que no exagero. Por lo menos, me había caído cien veces usando esas máquinas de tortura a las que llamaban “tacones”, así que ya era un hábito en toda regla.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!