No sé cómo empezar esto así que, aquí va (por favor, no te rías de mí).

Mi mundo no cuenta con famosos, ni con ovnis o vampiros. No tengo poderes ni soy un genio de las matemáticas. Puedo patear una pelota, pero difícilmente marcaré un gol en un partido. Tampoco creo ser ni de lejos una reina de la belleza.

Nada sobrenatural.

Nada fuera de lo común.

Mi historia no cuenta con un enamoramiento de cuento de hadas. O un trágico incidente que me haga interesante. No. Solo cuento con amigos con vidas algo difíciles y tú, un fantasma –por llamarte de alguna forma- que me persigue, haciéndome recordar unos ojos de un azul grisáceos. Como si eso fuera importante hacerlo. Siempre he escuchado la frase “los ojos son el espejo del alma”. Bien, si es así, mi alma es de color verde fluorescente. Sí, ni yo misma logro entender esa frase–ni mis extraños ojos- pero si así fuera, creo que tus ojos podrían ver a través de mí y mirar en mi interior.

Te conocí brevemente. Y, Dios, pude sentir que el mundo perdía algo de gravedad. Si alguien con unos ojos azules –como el cielo- aparece y explota la burbuja de sentimientos para que escapen y se liberen, crea un caos en ti. Un caos que acabó haciendo que me enamorara de una persona que no conocía. ¡Lo sé, es estúpido! Pero fue como en las películas. Luces perfectas, sonido atenuado y una caballerosidad algo pegajosa.

Como un chicle. 

Espera, ¿estoy comparando el amor con una cosa que se escupe cuando estás cansado de ella? Bien, tendría que revisar el diccionario para buscar algún sinónimo menos desechable y reemplazable.

Y, hablando de reemplazar. Reemplazaste mi mundo de “animadora con mente de Barbie” para dejarme ver el mundo real de “hay problemas más importantes que ganar un partido de fútbol”. Mi mundo dejó de parecerme tan genial después de conocerte. Me perdí la oportunidad de saber quién eras, por error. Me enamoré de alguien sin rostro, sin nombre y sin historia. Y eso me bastaba.

Hasta que un tiempo después otro chico entró en el mapa. Y, Dios sabe que sus ojos eran idénticos a los de mis recuerdos, esos que un día estaban plagados con imágenes tuyas.  Puede que se enamorara de mí por el simple hecho de no tener a la chica que amaba. Amábamos a personas diferentes aun cuando sabíamos que algo nos pasaba. Amábamos a las personas que un día fuimos. Pero eso lo descubrimos un tiempo después.

Traición.

Amor.

Impotencia.

Anhelo.

Todo eso era lo que tenía dentro de mí cuando lo miraba caminar por el pasillo. Hasta que me enteré que eras tú. Siempre lo fuiste. No sé muy bien a quién va dirigido esto, pero sé que me comprendes.

Nuestra historia no es una aventura de acción, ni una llena de misterios. Solo la historia de no saber cómo amar a alguien que ya amas, de ser algo que no eras, de no dejar que los demás interfieran en tus decisiones. De amar algo tanto que ni el tiempo podía hacer olvidar al corazón.

No tardé en darme cuenta que, en un intento de encontrar a un príncipe azul, te encontré a ti.

¿Qué hacer cuando el amor parece una traición? ¿Qué pensar cuando todo no tiene sentido? ¿Qué sentir, si lo sientes todo, como si fuera algo malo? Imagínate un mundo en el que el príncipe azul va disfrazado. Ese fue mi mundo. Imagínate un mundo en el que la princesa no se enamore del príncipe a primera vista. Puede que ese fuera tu mundo.

Bienvenido a mi caos, el lugar donde el corazón domina a la mente. Donde, sin previo aviso, puedes enamorarte de alguien que no conoces.

Así que…deja que pruebe de nuevo ese veneno que es el enamorarse.

Porqué, sinceramente, prefiero vivir un segundo contigo a vivir mil años sin ti.

Y, por última cosa: te amo, Louis.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!