-         O sea, deja que me aclare. ¿Os besasteis y no habéis hablado de ello? ¿Ni habéis vuelto a hacerlo? Eso no tiene sentido para mí.

-         Lo sé –corroboré-. Pero mi relación con Louis es tan complicada que ni yo misma la entiendo. ¡Nos besamos! Eso debe de significar algo, a la fuerza. Pero él no ha comentado nada y, creo que yo no lo haré tampoco –tapé mi cara con mis manos, exasperada-.

Kitty alzó una ceja. -¿Desde cuándo no te enfrentas a los obstáculos cuando aparecen?

La miré duramente. –Desde que me di cuenta de lo mucho que me gusta Louis –resoplé-. Estoy un poco preocupada por la idea de enamorarme de él, la verdad.

Escuché un bufido de su parte para luego centrar su atención en las chicas que había delante de ella, le gritó a una chica que moviera más, dijo algo sobre que parecía un pato mareado, pero me centré en atar los cordones de mis zapatos. Hacía frío, por lo que todas llevábamos pantalones largos, aunque estos eran increíblemente flexibles. Algunas llevaban puesta la chaqueta del equipo, otras solo el uniforme de invierno, que consistía en agregar mangas largas al que ya usábamos la mayoría del tiempo.

Había colchonetas por todo el suelo del gimnasio, cosa que molestó mucho al equipo de futbol, ya que tuvo que entrenar fuera, mientras nevaba. Pero, venga, ¿a quién se le ocurría no aplazar los entrenamientos cuando parecía que nos fueran a enterrar vivos? La nieve en el campo superaba ya los treinta centímetros. Una auténtica locura.

-         Chicos –nos llamó la entrenadora-. Por hoy ya está bien. El lunes practicaremos un nuevo ejercicio, normalmente se lo enseño a las animadoras universitarias, pero en este equipo, definitivamente hay talento.

Todos gritamos “¡Arriba tigres de bengala!” y luego nos esparcimos por todos sitios, unos a los vestuarios, otros hacia su coche… solo unos pocos se quedaron un rato más, para desmontar todo el desastre hecho en el suelo.

Miré a la inmensa colchoneta frente a mí. Definitivamente, si intentaba moverla sola, iba a morir en el intento, era como dos veces mi tamaño y debía pesar tres veces mi peso.

Genial. Pensé.

Tiré del asa que había en una de las esquinas. Nada. Puede que la hubiera movido unos cinco centímetros, pero no mucho más. Y tenía que llevarla veinte metros y, luego, ponerla de pie, para ponerla en su sitio, junto a las otras dos colchonetas que eran idénticas a ella. Resoplé y contemplé detenidamente mis posibilidades. Si hubiera un equipo de futbol americano en el colegio, sin duda lo usaría, pero dudaba que los chicos del equipo de futbol necesitaran tener mucho músculo para correr con una pelota.

Volví  intentar moverla y así un par de veces más. Nada que hacer, la había movido como un metro en los últimos cinco minutos. Con todas mis fuerzas, tiré de la colchoneta, hasta cerré los ojos. Di un paso atrás, y luego otro. La colchoneta se estaba moviendo. ¿Qué pasaba aquí? Abrí los ojos de nuevo, para encontrarme con Jake y Louis empujando desde el otro lado. Les sonreí y continuamos el recorrido.

Después de unos minutos, por fin habíamos recorrido los veinte metros. Ahora solo faltaba ponerla de pie y engancharla, junto a las demás. Fácil, ¿verdad?

-         Vamos, a la una, dos y… -los tres la alzamos, con bastante dificultad-.

Cuando estaba por sobre de nuestras cabezas, algo cayó en la otra banda, impidiendo que la colchoneta se pudiera poner en el sitio. Bien, creía que mis brazos iban a caerse, pero esto era el colmo. ¿Cómo coño a alguien se le ocurría poner el trampolín al lado de todo esto? Es que era un genio.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!