Estaba claro que mi plan de pasar todo un día con Louis había sido un completo fiasco.

Me parece que no estuvimos juntos ni quince minutos, puede que menos, incluso.

Dudaba que Louis me volviera a dirigir la palabra en algún tiempo, sobre todo después de enterarse de mi pequeña broma. ¿Quién me podía culpar? Nadie, era él quién se lo había buscado.

No creía que fuera  tan extremadamente malvado lo que le había hecho. Digamos que “resaltó” más que de costumbre en el campo.

Bien, después de hablar con Louis y prometerme a mí misma hacerle una broma que nunca olvidaría, supe que Kitty había ganado el premio al “mejor disfraz”. Sí, me parece que ni me notaron, pero lo mejor de eso fue que todas las participantes formaban parte del equipo de animadoras y, sí, iba todas y cada una vestidas con un bikini.

Típico de los hombres fijarse en la cosa con patas que esté más desnuda.

Jake me llevó a cada y, no, no le preguntó lo que había pasado con la chica de tercero, no estaba preparada para que me lo contara, suponiendo que me lo contara. Bueno, el caso era que no quería verme involucrada en los encuentros fortuitos de Jake en los lavabos de la escuela, tenía suficiente preocupándome por mi vida en ese momento.

Esa noche, literalmente, estuve planeando la mejor forma de hacer que Louis se tragara sus propias palabras. Y, después de un par de ideas tontas de principiantes y otra que ni yo misma sería capaz de hacer, tuve la idea que lo cambiaría todo.

¿No era un jugador de fútbol? Bien, pues ese jugador de fútbol tendría que jugar con un uniforme rosa esta vez. Sí, a mí me parecía una idea algo idiota, pero no tenía nada mejor a las 4 am, así que, después de un par de batidos de arándanos, acabar con las galletas de toda la casa y ver un par de episodios de una serie cutre, tuve que volver al instituto.

Por suerte (o por milagro) no tenía ojeras, si Louis me llegara a ver con ojeras después de lo que pasó, juraría que estaría pensando que él sería la causa de ellas… aunque, bien mirado, sí había pasado toda una noche en vela por él… mejor dejar el tema antes de que pierda yo la lógica.

Después de ver a Louis antes de entrar en la primera clase, supe que su lo merecía. Aunque no puedo negar que sentía que el rosa le quedaría sexy, sí, es difícil ser una chica a veces… sobre todo si tenía que arreglar mis asuntos con Louis que, en estos momentos, ya no podía decir que era “mono”, ahora le veía como era en realidad: sexy hasta la médula.

Sí, en una semana se podía cambiar tanto de opinión. Pero… ¿a quién le importaba eso?

-         ¿Señorita Jaderson? –me llamó la profesora de literatura-. ¿Me está escuchando? –dijo frunciendo el ceño de una forma divertida-.

-         Lo siento, no me encuentro muy bien –le dije, la verdad es que no estaba para prestar atención en clase y la mejor forma de librarme de ella era sin duda esa-. ¿Podría ir a la enfermería? Me siento algo mareada, puede que me den algo para que se me pase –lo sé, mentir está mal, pero era necesario en esta ocasión-.

-         Claro, espero que no sea nada –dijo regalándome una sonrisa, al igual que yo a ella. Sí, era una consentida de los profesores-.

Salí de esa clase y respiré aire puro. Había hecho algo malo y, sí, no me sentía nada bien haciéndolo, pero creo que esa era una buena manera de despejar un poco mis ideas. Louis estaba metido en cada uno de mis pensamientos y no podía prestarle atención a nada más que ni fuera él y su futura camiseta rosa.

Caminé por los pasillos desérticos, nadie estaba allí en ese momento, ya que ni los profesores que vigilaban los pasillos lo hacían realmente. Sí, un poco raro, pero mor mi estaba bien.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!