El ruido que provocaba continuamente el coche de Jake y el leve sonido de las canciones que se reproducían por las radio era una fantástica combinación para despejar mi mente de todas las locuras que aparecían continuamente en ella…

¿Qué estaba haciendo? No lo sabía. ¿Por qué tenía que poner a prueba a Louis? Ni idea. ¿Alguna vez tendría las respuestas a todas las preguntas que me estaba formulando? Sorprendentemente, sentía que en algún momento, alguien me enseñaría la verdad que tenía delante de mí.

Cuando el coche frenó y la música paró supe que era el momento de bajar y enfrentarse a todo un día molestando a Louis. Reí, no era la que debería estar nerviosa en eso momento, precisamente.

Cerré mis ojos una vez más antes de bajarme del coche.

Me sentía como si estuviera usando una máscara que cubría algo que no tendría que esconder.

Jake había hecho un par de bromas acerca de mi “halloweenoso” atuendo. Sí, ni yo sabía si de verdad se inventaba las palabras antes de hablar conmigo o le salían de manera natural. En realidad, ni lo quería saber. Menos imágenes de yo golpeándome la cabeza contra un muro, supongo.

Al sentir la brisa matutina pasar por mi alrededor, abrí mis ojos para encontrarse con los de Jake, el cual estaba abriéndome la puerta y haciendo una estúpida reverencia hacia mí. Como si fuera una reina o algo por el estilo.

-         Sabes que odio eso. –le recriminé un poco molesta-.

-         Tú odias todo lo que no puedes controlar, ángel. –me contratacó riendo por mi comentario anterior-.

-         Como sea. Sabes que tengo brazos, puedo abrir la puerta yo misma.

-         Wow, ¿te encuentra bien? –dijo poniendo una mano en mi frente delicadamente-. No… estas un poco rara hoy. –dijo para luego apretar mis mofletes de forma graciosa, haciéndome reír de forma impulsiva. Este era mi Jake-.

Era verdad, tenía brazos y, si recordaba bien, lo sabía utilizar de manera bastante autónoma.

¿Por qué siempre la chica tenía que ser a la que le abrieran la puerta? No entendía como a las personas les gustaba eso. De paso, les masticaban la comida y la bebían con una pajita. ¿No veían que tenían brazos, piernas y un cerebro? No, sobretodo lo último.

Sentía como una brisa matutina helaba mi piel a cada paso que daba, aunque, por los atuendos de las chicas que me saludaban al pasar por su lado, yo tenía suerte de estar usando ropa.

Y yo creía que no se atreverían con lo de los bikinis. Pensé.

Había criaturas de todo tipo rondando por los pasillos de la escuela. Desde vampiros a personajes de películas. Creo que vi a un Harry Potter por ahí también. No era que no me gustara que las personas se expresaran de forma diferente, pero hay que reconocer que había un límite para separar lo raro de lo vergonzoso.

Como la vergüenza ajena que me provocaba cada chica que estaba vestida con un par de trozos de tela y, aun así, creían que era demasiado. Vale, en realidad me daban un poco de pena esas chicas. ¿Tenía yo la culpable de que su cerebro no reaccionara? No.

Lo que hizo que me sobresaltara en ese momento, no fue ni más ni menos que una Kitty llena de energía cogiéndose de mi brazo izquierdo y caminando con una sonrisa pícara en la cara. Mucho más pícara de lo que yo estaba acostumbrada a ver.

Me fijé en que traía puesto, ni más ni menos, que un bikini negro que no dejaba mucho a la imaginación de los chicos que pasaban por su lado y, sin lugar a dudas, se giraban para ver la parte de detrás que apenas estaba cubierta por una fina capa de tela.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!