-         ¡Mamá! –grité desde mi habitación, dos tercera vez en un minuto-.

-         ¡Ya estoy subiendo! –dijo, con un tono de fastidio por mi insistencia-.

Llevaba unos veinte minutos buscando al desaparecido regalo de Navidad de Jake. Unos días antes había ido a comprarlo y, por suerte, pude encontrar un par de discos de los sesenta que él había estado durante los últimos meses. Sí, él era un fanático de The Beattles, por eso había estado cinco horas de tren en tren, solo para llegar a una ciudad que estaba en la otra punta del país, era la única que tenía primeras ediciones de sus primeros discos, por lo menos eso era lo que ponía en Google.

Sin duda le encantarían; un último regalo antes de la universidad, se los daría por Navidad y su cumpleaños, solo para que su emoción no disminuyera ni un solo instante ya que su cumpleaños estaba también a la vuelta de la esquina (concretamente estaba a menos de un mes).

-         ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué tu habitación está tan desordenada? –preguntó, recogiendo un par de revistas que había en el suelo-.

-         He perdido los discos. No están; no están; no están –dije, lanzando la ropa por la habitación por la desesperación que sufría-.

-         Si te refieres a los discos que había en tu mesa, tu padre los puso puesto en el tocadiscos para escucharlos, pero me parece que no los volvió a poder en su sitio –dijo despreocupada-.

Me tiré por las escaleras (no literalmente, si lo hubiera hecho no lo contaría) y corrí hasta la sala de estar, la cual estaba vacía en ese momento, pero en el tocadiscos se podían ver mis discos, los que pronto serían de Jake. Suspiré. Me había preocupado por nada, pero mi corazón aún latía descompasado. Sin duda, un día tendría una arritmia por culpa de tantas emociones.

Cogí mis discos y, son pensarlo dos veces, los besé, me había costado tanto tiempo conseguirlos que, perderlos, no  entraba dentro de mis planes.

Subí otra vez, inicialmente para recoger todo lo que había en el suelo de mi habitación, pero luego empecé a empapelar los regalos que había comprado para todos: Discos para Jake, un collar para mamá, una edición antigua de Romeo y Julieta para papá, una camiseta para Kitty, y los demás regalos para la familia. Había estado buscando algún regalo para Louis, pero no tenía ni idea de lo que quería, así que había pospuesto la compra de su regalo hasta tener algún dato más.

Suspiré. Esa semana era la última del año hasta enero, así que también había el baile de invierno. Todos los años había ido con Jake (lo que quiero decir es que me llevaba a rastras y luego desaparecía tras una chica) pero este año, por alguna extraña razón que aún no lograba entender, tenía ganas de ir con Louis. Sí, todavía me sentía como una bomba a punto de explotar cuando él estaba cerca, pero quería pasarlo bien esa noche. Aunque claro, había olvidado que este año los chicos invitaban. Ahora sí iría con Jake.

Me lancé directa a la cama, quedando bocabajo, para luego gritar de la frustración: otro año con cincuenta psicópatas preguntándome una y otra vez si quería ir al baile con ellos. Estrujé a mi gatito de peluche, ¿por qué la vida de una chica era tan estresante?

En ese momento me sobresalté por un mensaje en mi móvil.

Louis.T: ¿Emocionada por ser Julieta? ;)

Dios, ese chico siempre con ese sentido del humor tan peculiar. Reí. Había olvidado ya que mañana era la representación de la obra de teatro delante de todo el instituto.

July: ¿Emocionado por tener que besarme? ;)

Me sonrojé un poco al recordar lo que pasaría mañana. No habíamos practicado nunca esa escena, ya que se suponía que el primer beso que compartían Romeo y Julieta debería ser real, así que nadie tomó en cuenta a las personas que tendrían que besarse.

Blue, Deep and Yours |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!