Capítulo 24

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Mientras camino hacia el súper mercado, llevo mi mente fuera de este mundo —¡Que novedad! — Aún no lo gro procesar que mi hermano sea uno de ellos y en parte es mi culpa, y esa bitch de "Atenea". No la conozco en persona pero ya la odio.

Mientras voy pensando, llevo la vista puesta en cada paso que doy, elevo la vista y sin darme cuenta ya he llegado a mi destino. ¡ja! Que paradójico.

—¡Buenos días! —digo al entrar, a las personas que están dentro.

Cojo de los estantes lo que tengo que llevar y me dirijo a pagar.
No está tan lleno, así que no tengo que hacer tanta fila. Después de unas 3 o 4 personas llega mi turno, empiezo a poner todo lo que llevo para que el muchacho lo facture. Mientras espero la cuenta, volteo la mirada a un lado de donde esta el muchacho. ¡Oh por Dios! ¡Chocolate! Me quedo viendo los chocolates, pero antes de hablar para pedir una barra de chocolate, el muchacho me tiende la factura, y veo el dinero que llevo, ¡rayos! Me quedo viendo la barra de chocolate, y no sé si devolver algo de lo que había comprado ya, o solo resignarme.
Me decido por la segunda,  le pago y tomo las bolsas.

—Ten se te quedó esto — escucho decir al que me atendió.
Levanto la vista, y la verdad no lo había notado, él es tan apuesto que debe traer muerta a varías chicas de por acá.

— No eso no es mío — espeto. Él me estaba dando una de las barras de chocolate. Y no recuerdo haberla pedido o talvez lo hice y no me di ni cuenta ya que ando despistada —¡que raro! — pero no lo haría, no sé.

—Oh sí, claro que es tuya. —me sonríe y estira su mano hacía a mi con el chocolate.
Yo cabeceo, negando lo que él dice —Ten, sé que la quieres.

—Ya no me queda dinero, ¡gracias! —le sonrío a boca cerrada.

—Yo te la quiero dar. ¡Vamos! Tómala — los que aun esperan en la fila para ser atendidos están comenzando a vernos mal.
Así que decido aceptar el chocolate.

—Gracias entonces— farfullo con algo de pena.

Él me sonríe y salgo.

Al estar ya afuera del lugar veo a Adam observándome con un mohín en su frente.

—Te arrugarás si sigues con esa cara— digo sin más, y sigo caminado. Él ni se inmuta y ahora la del mohín soy yo.
Veo empuñar tan fuerte sus puños. Y entonces él comienza a dar pasos firmes hacía adentro del local.

Yo me quedo ahí viéndolo —actúa tonta, ¡denten esa vestía! — me grita mi subconsciente. Y es ahí que dejo las bolsas en el suelo y doy pasos rápidos hacía él. Logro ponérmele en medio de su camino.
Pongo mis manos inútilmente sobre su firme y perfecto pecho. Y él ni siquiera baja su mirada para verme, sigue con la vista fija en el muchacho de la registradora.

— ¡¿Qué carajos piensas que haces?¡ —le digo con enojo, y él sigue sin mirarme aún, y quiere seguir avanzando hacia su propósito lo cual desconozco aún lo que él quiera hacer.
Le tomo el rostro para que me vea. Y él no sede.
—Ey, ey Adam, ¡Mírame! Que me veas te digo.
Lentamente baja la vista, y sus ojos se tiñen de color carmesí, que logran dar miedo. Él me ve fijo y parece reaccionar.

—No se que es lo quieras hacer, pero nos vamos ¡AHORA MISMO!

Sin esperar respuesta de él, tomo su mano, y no sé ni como logro guiarlo y que me siga. Recojo las bolsas, sin soltarlo de la mano.

Estando ya enfrente de mi casa, él se gira hacía mi.

— Justo iba para tu casa, cuando... ¡Agj! Cuando vi a ese ...
—le doy una mirada despectiva —a ese joven —dice volteando sus ojos — Coqueteando contigo, y oí sus pensamientos y pues quise matarlo —agacha la mirada, y aprieta mi mano. — Disculpa mi actitud, no fue mi intención hacerte pasar un mal rato. —Yo solo lo observo. Y no sé que decir. Me quedo callada por algunos minutos.

—Habla Metzy, dime algo, insultame, golpeame si quieres —le doy una sonrisa sarcástica, ya que aunque lo golpeé no le dolerá — pero dime algo por favor.

—Emm... Bien. Qué te digo. Yo... No sé por qué te pones así, él solo fue amable conmigo — él da una sonrisa de soslayo, y por lo visto sarcástica, hago caso omiso y sigo — y no veo problema con que una persona sea amable conmigo, ahora, si crees que me coqueteaba ese no es tu problema, yo, yo emm bueno, nosotros no somos nada, ¿me entiendes? Podría o al menos eso creo, de que podría llamarte amigo.

Mi celular empieza a vibrar y decido sacarlo del bolsillo.
Es Lotti.

—¿aló?

¿Fuiste al súper de la otra ciudad o qué? —indaga Lotti

Sonrío —No Lotti, ya llego.

—Ajá, te quedaste coqueteando con el nuevo del súper ¿verdad? Lo sé está bien buenoríe algo picarona

—¿Qué? ¿quién? Eh.. N-No, no y no .... Ya estoy enfrente de casa, ya hablaremos.

Le cuelgo sin esperar respuesta. Y Adam me ve con la ceja arqueada.

—Así que ya sabías de él.

—Sabes qué, me importa un pito lo que pienses.

Doy la vuelta a paso firme para marcharme.
Y siento que me toma del brazo.

—Espera, —yo lo veo de mala gana —solo dime, qué cocinarás.

Éste es un bipolar. —¿qué, es en serio? —no puedo evitar reírme, porque de verdad me causa gracia.

—Sí, quiero cocinar para ti, bueno para ustedes, bueno pero más para ti obviamente —yo sigo riendo por su tono de voz, notando que aparentemente está algo nervioso.

—Está bien, pero si cocinas mal, ¡ay de ti! yo no controlaré la fiera de Lotti si no lo haces bien— él ríe y entramos a la casa.

Lazos del destino ©  [TERMINADA]  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora