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Lucifer desabrochó su camisa.

Uno por uno, empezó a quitar los botones hasta llegar a su vientre, soltó un largo suspiro cuando se sintió liberado de la prenda. Le gustaba vestir con trajes, su camisa, chaleco que por cierto ahora descansaba en el respaldo de uno de los sillones, sus botas con tacones y su abrigo largo, les sentaban bien a su figura y definitivamente un rey debía vestir bien, pero no podía negar que era reconfortante quitárselos luego de horas de usarlos, pues al final del día era ropa formal ajustada que se volvía incómoda a largo plazo. Se quitó los largos guantes no sin antes quitarse el anillo, sostenerlo en sus labios hasta liberar sus manos y volver a colocarselo. Todo lo que se iba quitando de a poco se aseguró de dejarlo en la pequeña montaña de ropa en el sillón. Sí, Lucifer no era como Alastor, él no se tomaba el tiempo para doblarla.

Se quitó la camisa y presionó su cuello hasta hacerlo tronar mientras la dejaba en el mismo lugar que el resto de sus prendas. Estaba cansado y no podía esperar para acostarse entre las suaves sábanas junto a su pareja, si era sincero estaba ansioso por eso, era la primera noche luego de meses de soledad, definitivamente no podía esperar a dormir sin pesadillas, tener que esperar horas para sentir una pizca sueño, o simplemente sentirse acompañado y en calma, contrario a su cama grande pero vacía, fría y desolada.

Se sentó en la cama y se dejó caer en el colchón, el sueño comenzaba a hacer efecto y provocaba que sus movimientos se relenticen. A pesar de que aún le quedaban los pantalones y las botas, su cuerpo se sentía lo suficientemente liberado como para tomarse un momento para disfrutarlo, rememorando la cantidad de cosas que habían sucedido en ese largo día.

Por su lado, Alastor también se estaba preparando para descansar, con la única diferencia de qué él no tenía tanta ropa encima como el rubio, él sólo tenía que quitarse el arnés, su camisa, pantalón, zapatos y ual-la, el pijama y asunto terminado. A diferencia del rey, era un hombre simple, evidentemente se vestía bien pero no necesitaba mil accesorios como un chaleco que al final siempre pasaba desapercibido, tampoco un ostentoso sombrero, no veía necesario cargar con el peso de una serpiente y una manzana, esos accesorios aleatorios no tenía sentido, era tonto, pero su pareja insistía en que quedaba "lindo" y "majestuoso" ya que según él, las serpientes lo eran y las manzanas eran deliciosas, por qué no llevar una siempre. Al demonio le daba igual.

Y por último pero no menos importante, definitivamente no menos importante

La corona.

No veía mal usarla todo el tiempo, después de todo, además del titulo, no estaba de más portar algo que le recuerde a todos los seres inferiores sobre los que gobernaba quien tenía el poder, el mando, la capacidad de acabar con cada una de sus asquerosas almas con un simple chasquido al ser sus vidas tan insignificantes como para que nadie se parcate de sus ausencias, alguien capaz de hacer lo que quiera con quien sea y que no importe en absoluto porque, ¡Eres el Rey! Literalmente lo eres todo, el dueño, el amo, el soberano, la realeza misma, quién está en la cima de la cadena alimenticia, aquel al que nadie puede siquiera pensar en hacerle frente, aquel al que todos temen.

El novio de papá. [RadioApple]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora