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— ¿Te gusta? ¡Puedo hacerlo más grande!

— Así está perfecto querida, no te preocupes.

Niffty asintió y continuó con su labor, maniobrando las agujas y la lana hábilmente en sus pequeñas manos. A su lado, su amo le hacía compañía.

— ¡Al chico malo supremo le gustará mucho!

Alastor parpadeó lentamente, observando el trabajo de la pequeña pecadora. Las palabras de ella resonaron en su mente, imaginando el rostro de su ausente amante, al menos las imágenes que creaba le daban un mínimo de consuelo. Lo único que tenía en esos momentos era su voz, grabada de todas las conversaciones que habían tenido desde que había llegado ahí, en aquella radio de su estudio se almacenaban las palabras que adoraba escuchar, daba igual cuáles eran. Eran su voz, su canción de cuna.

— Eso espero, sí.

Fueron alrededor de veinte minutos en completo silencio luego de eso. Solo se escuchaba el ruido blanco de las calles caóticas del infierno, pero nada que perturbe la paz de la habitación.

— ¿Lo extrañas?

Había sido una pregunta al aire, Alastor miró a la pequeña, ella no había desviado sus ojos de su trabajo pero mantenía aquella sonrisa de inocencia. Una que el demonio de la radio sabía no existía, no estaría en el infierno de ser así, pero era adorable que lo pareciera.

— ¿Por qué todos preguntan eso hoy?

— ¡Lo siento! — Soltó carcajadas agudas cuando le dieron un pequeño golpe el la cabeza, Alastor la miraba irritado con bastón en mano.

— Continua con tu trabajo, Niffty

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El novio de papá. [RadioApple]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora