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Habían pasado un par de días desde la última noticia emitida por televisión, el caos se había disperso un poco pero el peligro seguía vigente en las mentes de los pecadores.
En el hotel, caminando de un lado a otro en su salón, estaba la princesa del infierno buscando una forma de arreglar el reciente problema con el que se topaba.

— Muy bien, está vez el exterminio se llevará a cabo en seis meses en lugar de un año...

Keekee seguía con pequeños saltitos a su dueña, jugando inocentemente sin ser consciente de la crisis por la que ella pasaba.

A su lado, Vaggie la miraba preocupada, Charlie no había dejado de murmurar en un buen rato totalmente insertada en su mente. Angel, por su parte, estaba serenamente acostado en uno de los sofás, más atento a su teléfono que cualquier otra cosa.

— No es gran cosa, solo un pequeño tropiezo, nada que no podamos resolver.  Sólo angeles que redujeron el tiempo a la mitad ¿Pero quién necesita un año entero para salvar almas? — Preguntó riendo, llevó sus manos a su cara comenzando a hiperventilar. — ¿Pero y si vuelven a reducir el tiempo otra vez y otra vez y otra vez? ¡¿Podríamos aguantarlo verdad?! ¡¿VERDAD?!

Vaggie se apresuró a tomar a su novia por los hombros, devolviéndola a la realidad. — ¡Sí! Podremos.

— Ay por favor. — Ángel interrumpió la adorable conversación antes de que siquiera comience. — Tenías una escasa posibilidad de éxito cuando iniciaste con toda esta mierda de la salvación, y ahora... — Miró la gran cantidad de mensajes que estaba recibiendo, le contestó a su amiga sin tomarse la molestia de verla. — No queda ninguna esperanza, reina.

— No te desanimes, sólo... — Recordó las palabras de Alastor, ella podía con esto, sólo debía respirar y pensar en claro, confiaban en ella. Sonrió, insegura, pero intentando no serlo. — Tengo que buscar una forma de resolverlo.

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Alastor se encontraba disfrutando de una relajante taza de café negro en su taza favorita, deleitándose con el amargo sabor que invadía su boca. Disfrutaba el sabor para nada empalagoso, distinto a los gustos de su pareja, no entendía como podía consumir cantidades de azúcar y no verse afectado, sino lo contrario.
Dió un sorbo y alejó la taza, centrándose en el anillo que tenía en su otra mano.

Hecho de acero sólido, brillante y reluciente, cabía perfectamente en su dedo anular. No apretaba, tampoco se sentía suelto, estaba hecho a medida. Jugaba con la luz que se reflejaba en él, moviendolo suavemente entre sus dedos y leyendo las palabras grabadas en la zona interior.

Una explosión repentina lo hizo guardarlo en su abrigo inmediatamente.

— ¡Sal y muestrate, Alastor! ¡Ven y enfrentate- Oh, ahí estas. — El demonio serpiente no notó hasta ese entonces que a quien buscaba estaba a la vista, había atacado el hotel sin pensarlo mucho.

El novio de papá. [RadioApple]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora