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— Amor, ¿Me pasas la miel? — Lucifer pidió llevando un bocado de panqueques a su boca mientras observaba su celular, pasando por hellstagram.

Las manos de Alastor y Charlie chocaron.

La chica se congeló, el hombre la imitó, el pequeño recipiente estaba en mirat de la mesa por lo que ambos se habían levantado para alcanzarlo, quedando frente a frente. Se oyó una ligera interferencia y el barullo del lugar desapareció automáticamente, todo bajo la mirada del rey.

Demonio y princesa se vieron mutuamente, parpadeando a la vez.

Lucifer los miró a ambos, dejando que sus ojos vayan de uno al otro aún sin quitar el tenedor de su boca.

Al notar rubia no reaccionaba, Alastor decidió ceder el honor. Alejó su mano no sin antes hacer un ademan. — Adelante, querida.

— ¡O-Oh, sí! — Se apresuró entre movimientos torpes, maldiciendo su propio actuar.

Cuando el dulce por fin estuvo entre las manos del rubio, este no pudo controlar la risa nasal que salió de él. Todos en la mesa voltearon a verlo, aquello sólo causó una risa más alta.

Alastor arrugó ceño, un pequeño rubor de vergüenza se esparció en su irritado rostro.

— L-Lo siento, es solo que... — Llevo una mano a su boca, aún con una sonrisa.

Apretó sus labios con fuerza cuando notó la esponjadez en las orejas de su novio. Lucifer iba a morir si seguía reteniendo esa carcajada.

Desvío la mirada. — Pareces un niño.

— Al menos no parezco un furby.

Un fuerte sonido de interferencia demostró que eso había logrado sacar de sus casillas al prometido del rey. Abrió sus labios dispuesto a responder, o mejor dicho, contratacar, pero un grito emocionado lo interrumpió.

— ¡¿TIENES FURBYS, ALASTOR?!

Ambos voltearon hacia Charlie, viendo sus brillantes ojos y gran sonrisa. Se miraron entre ellos un momento.

— ¿Sabes lo que son, querida?

— ¿Pequeños monstruos tetricos? — Murmuró Lucifer con sarcasmo.

— ¡Claro que se! — Ella contestó con una sonrisa, levantó un dedo al hablar, como si estuviera dando un dato importante, y es que recordaba haberlos visto en las vitrinas de algunas tiendas. — Son juguetes robóticos que representan buhos, oh bueno, en realidad, no se sabe que animal son exactamente, ¡Pero se asemejan a buhos! Son de colección y dan miedo de una forma muy linda.

Alastor alzó sus orejas, sonrisa de labios.

Miró al rey con orgullo. — Por fin, alguien en la familia real entiende de buen gusto.

Aún que en realidad la princesa nunca dijo explícitamente que le gustaran, pero Alastor se veía feliz así que estaba bien.

— ¿Cuántos tienes? — Preguntó ella mientras tomaba una de las fresas de su plato y directamente la mordia, observando al demonio.

Lucifer decidió responder, interrumpiendo la posibilidad de hacerlo de su pareja sin quitarle la mirada irritado de encima. — Tiene 37 lunático obsesionado.

"Tú no eres quien para hablar".

Rodó los ojos, devolviendo su atención a su plato y tomando el último pedazo con su tenedor. — 38, querido.

— No, eh... Son 37...

— ... — Alastor detuvo sus movimientos, el bocado quedó a medio camino, a centímetros de sus labios. Lo miró, encontrándose con el puchero forzado de su pareja y el como intentaba evitar su mirada a toda costa. Su sonrisa se amplió. — ¿Lucifer?

La culpa fue más grande que su instinto de supervivencia.

Agitó sus manos al explicar. — ¡Creí que el patito Alastor podría sentirse solo así que quise tomar uno para ponerlo junto a él pero me caí mientras iba a la habitación y pues se cayó conmigo y- ¡MIERDA! — Tuvo que agacharse cuando una sombra casi le atraviesa la cabeza, cayó al suelo. Alastor había mandado a volar la silla e incluso la mesa había sido empujada bruscamente, de repente todo lo que no fuera su objetivo a asesinar desapareció de su campo de vista. Todos los presentes sintieron la piel de gallina cuando lo vieron alzarse frente al rey de nerviosa sonrisa. — ¡Fue un accidente!

— ⱠɄ₵ł₣ɆⱤ.

— ¡De verdad, lo siento! ¡Pero escuchame! — Jugo son sus dedos, bajando la mirada. — Me dió pena porque era uno de tus favoritos así que... Lo enterre en el jardín.

Alastor sintió un tic en el ojo, el rubio se dió cuenta que no debió decir eso.

— Jeje... — Chocó la punta de sus dedos indice tímidamente.  — ¿Quieres más panqueques, amo- ¡HEY!

De nuevo, esquivo otro ataque de pura suerte, está vez casi pierde un brazo, obligándolo a tirarse a un lado. No tardó en entender que debía huir por su vida, no había cosa más aterradora que un Alastor enfadado, por la única y simple razón de que no podía (quería) herirlo. Se apresuró en chasquear sus dedos, un portal se abrió en segundos por el cual pasó sin pensarlo dos veces.

— VɄɆⱠVɆ ₳QɄł.

— ¡NO!

La princesa se paró de un salto, sorprendida por todo el repentino desastre y porque la mesa literalmente se había ido contra ella, en realidad, contra todos. Quiso hablar, interrumpir la disputa y solucionarla como personas civilizadas al ya prevenir lo que pasaría, pero no pudo hacerlo cuando el demonio de la radio también se fue del lugar, convirtiendose en sombras que antes de darse cuenta ya habían desaparecido en el suelo.

La calma que hubo después de que ambos se fueran duró diez segundos.

Y luego hotel tembló por un fuerte golpe

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El novio de papá. [RadioApple]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora