Una decisi贸n

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La madrugada se tornaba rosada y fría, mientras, en silencio, el ambiente de la habitación quemaba.

Matias besaba el pecho desnudo de Enzo mientras se movía lento entre sus piernas.
Enzo se apretaba los labios para no gemir al sentir la boca húmeda llegando hasta su panza dura, mordisqueandole un poco la piel.

Bajando su ropa interior, Mati comenzó a tocarlo, movía su mano sobre el pene ajeno, despacio, con tranquilidad.

No necesitó demasiado para lograr su cometido, el pene de Enzo se encontró erecto entre sus manos que lo tocaban en cuestión de minutos, y después de darle algunos besos muy húmedos, arrancando suspiros de la garganta ajena, se sintió seguro de empezar.

De cuclillas sobre Enzo, con las piernas en cada lado, Mati escupió sobre su mano y volvió a acariciarlo, esta vez para mojarlo lo suficiente, y luego tomandolo para ubicarlo en su entrada, empezó a bajar lento, despacio.

su cuerpo, delgado y liviano, se movía suave y con destreza, sabía hacerlo, sabia como hacer para lograr tocar todas sus partes sensibles, mientras subía y bajaba, metiendo el miembro de Enzo adentro suyo, abrigandolo con su cuerpo, apretando casi hasta la locura la carne ajena, mientras movía su mano apretando su propio pene que en cada embestida se ponía más duro.

Enzo se sentía expectante, veía como su chico subia y bajaba, sentandose sobre él y como lo tenia de alguna manera totalmente prisionero, pues lo unico que podía hacer era ayudarlo con sus movimientos apoyando sus manos sobre la cadera que no dejaba de moverse.

Pero Enzo no tenía un caracter sumiso, Enzo dominaba, así que inclinandose un poco hacia adelante, tomando la nuca del chico, se levantó sin retirarse del cuerpo que estaba penetrando y lo puso de costado, adquiriendo así el control total.

Se empezó a mover rápido, lo embestia profundo mientras la mano ahuecada de Mati simulaba el mismo movimiento sobre su pene, agitada.

Enzo quitó la mano de la nuca y la colocó sobre la boca de Mati que no dejaba de gemir, le daba miedo que su madre los escuche.

Cada embestida era más furiosa que la anterior, no sabía porque, pero a veces, coger a Mati era así, con furia, quería usar su cuerpo como una descarga, cogerlo era una forma de olvidarse de las cosas importantes, de sacarselas de encima.

Cuándo ambos acabaron siguieron en silencio; Enzo lo abrazó por la cintura y se quedó dormido rápidamente.
sin embargo, para Mati, el sueño no existía.

●●●

Había empezado a fumar como a los quince años, no recordaba porque, seguro para impresión a alguien, pero ahora casi ocho años más tarde tenía el vicio arraigado, lo hacía por inercia, como respirar o como dormir.

Mati estaba sentado en el patio de casa, la misma casa que lo vio crecer; no había podido dormir después del sexo y decidió salir un momento.

Sin embargo el cigarrillo estaba casi a la mitad y la ceniza se caía sola porque él, distraído, se había entretenido con la llama anaranjada del encendedor, que en la oscuridad de la noche, parecía más grande.
Pensaba cosas, tenía muchas cosas en las que pensar ahora que su vida era un bardo terrible, aunque no todas las cosas eran malas en sí; iba a ser papá y eso le entusiasmaba, aunque fuera en esas circunstancias.

-¿no sabes que fumar hace mal?-preguntó una voz masculina y conocida, que lo hizo sonreír inmediatamente

Él lo miró y le hizo un lugar a su lado

-veni acá conmigo

Enzo se sentó con él y le sacó un cigarrillo de sus mentolados,que no eran sus favoritos,pero era mejor que nada.

Ninguno de los dos decia nada, la noche empezaba a disfrazarse de dia rápidamente, pero el frio seguía siendo el mismo.

-¿en qué pensas?-le preguntó al notar la seriedad que Enzo tenia, aunque era algo que notaba desde hacía un par de días

-en todo, en nada...

-buena, poeta, ese chamuyo dejalo para las historias de Instagram-le dijo dandole un pequeño empujón -¿que pasa, amor?

-pasan muchas cosas, Mati,un montón de cosas, todas a la vez

-pero se arreglan ¿no?-preguntó mirandolo-no me vas a dejar... ¿no?

Enzo miró el cielo mientras expulsaba el humo al aire

-capaz deberíamos parar un poco. yo tengo que volver, vos tenés cosas que hacer acá...

-me estás dejando

-estoy diciendo que no sé como manejar todo lo que está pasando, me preocupa

-separarnos no va a arreglar nada-le dijo enojado mientras apagaba la colilla

-necesitas tiempo vos, tenés que ocuparte de ese bebé y yo...

-y vos sos mi novio y listo ¿que tiene que ver?

Enzo se quedó en silencio y miró su anillo, que giraba con el dedo vecino al anular

-estoy celoso-admitió con vergüenza-soy un boludo, pero estoy celoso,porque no puedo darte una relación de verdad,no puedo darte un hijo, no puedo hacer que tu mamá no sufra, Malena está sola porque yo estoy metido en el medio,no puedo...

-basta Enzo ¿quién sos vos? ¿Jesús? ¿tenés que hacerle bien a todos?a mi me tenés que hacer feliz

-en realidad no...

-vos sos la causa de que yo sea feliz, pero vos también tenes que serlo...¿lo sos?-preguntó con miedo

-si, nene, pero hay mucha gente que sale lastimada...

-no me importa

-hablo de tu mamá, de tu hijo, de...

-no me importa, está es mi vida y yo decido, y yo elijo, y te elijo a vos ¿todavía me elegís vos?

-si-le dijo seguro

-¿si?

-si,si

-no me dejes solo de nuevo

Enzo lo abrazó con fuerza y lo atrajo hasta él, besando su cabeza.

-te amo-le dijo-no me voy a ir

Mati cerró los ojos y deseó que eso sea cierto.

●●●

Ese mediodía volvieron a Capital juntos.
los días de Enzo en Argentina estaban contados, tenía muchos viajes que hacer pronto por cuestiones de trabajo.

Un mensaje de Malena los hizo desviar del camino hacía el hotel, ahora la siguiente y más próxima parada era su casa.

Ella les abrió la puerta y mientras tomaba mate con Matias, Enzo notó algo.

Sobre la mesa estaban los resultados de los últimos estudios que ella se había hecho, entre ellos, una ecografía.
de forma distraída, empezó a mirarla; no entendía mucho nada, en realidad, el bebé no tenía forma para él, pero no fue eso lo que logró llamar su atención, si no la fecha.

Malena, según el estudio, tenía un embarazo de diez semanas, pero hacía diez semanas Matias estuvo con él en Uruguay.

Dejó el papel allí y los miró.
Mati estaba feliz mirando la ropa del bebé; ella parecía ignorarlo completamente.

Él, mirando sus manos, tomó una decisión en ese instante, pero debía esperar hasta volver al hotel.

Mirando el fuego: 饾悶饾惂饾惓饾惃 饾惐 饾惁饾悮饾惌饾悽饾悮饾惉Donde viven las historias. Desc煤brelo ahora