Capítulo 7: Amnesia

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Schiltach, Alemania
24 de Agosto del 2021
8:30 pm

Miykal Lawler

Para la locura no hay ninguna cura, es catastrófica y caótica padecerla además de que arrastras a las personas que más quieres en ese camino tan desastroso, destructivo, repulsivo y espantoso. Ya no sé lo que es real, mi mente ha comenzado a colapsar. Las pastillas ahora no me sirven de nada, este lugar cada vez más me está sofocando y si no encuentro una salida rápida a mis tormentos, temo que caeré ante los monstruos. Dos días llevo en este maldito pueblo y ya me he desmayado dos veces sin ninguna explicación lógica. Mis instintos me advierten que debo alejarme de aquellos seis chicos, en especial del que parece su líder pero no sé el por qué o la razón de estos pensamientos incoherentes pues ellos no me han hecho absolutamente nada.

Después de haber desayunado tranquilamente todo marchaba bien hasta que mi padre y yo bebimos aquel vino, lastimosamente fue demasiado fuerte para nuestros organismos provocando que ambos cayéramos rendidos en los brazos de Morfeo según el relato de los chicos. Horas después mi progenitor despertó mientras yo aún seguía en el eterno sueño, como aún se encontraba mal y tampoco tenía un auto el cual pudiese usar era imposible que regresáramos a nuestro nuevo hogar por eso debíamos esperar que alguno se apiadará y nos llevará a casa. A pesar de que Damian Deutsch se había ofrecido nuevamente a darnos posada, ya era tiempo de que nosotros volviésemos pues mi padre debía trabajar en la noche y no quería seguir abusando de aquella generosa hospitalidad.

Luego de casi doce horas, desperté desorientada y desconcertada porque no reconocía como había llegado a mi habitación. No logró evocar los últimos acontecimientos antes de perder el conocimiento, físicamente estoy bien pero psicológicamente me encuentro pérdida por completo. Si no tuviese la herida en mi mano izquierda pensaría que todo ha sido producto de mi imaginación, lo último que recuerdo es estar esperando aquella pizza que nunca llegó. No sé qué me está pasando pero debo fingir normalidad para no alarmar a mi padre, demasiados problemas tiene como por ejemplo resolver los diferentes asesinatos de los últimos meses. No es momento para que lo agobie con mis crisis existenciales.

Desde que pise suelo alemán varios augurios han sucedido, podría tratarse de una extraña coincidencia o falsas señales que mi mente esté evocando para joderme sin embargo sé que no debo ignorar dichos presentimientos. En el pasado lo hice y por bajar la guardia no pude detener la muerte de mi madre. Algo malo está a punto de suceder, ojalá logrará recordar aunque sea lo más insignificante pues ¿Cómo lucharé si no puedo reconocer a mis enemigos? Desconfía de todos, hasta de ti misma si es necesario.

El mal se camufla en donde menos te esperas

Los asesinos no nacen, se crean. No hay una edad específica que los logre encasillar, desde el niño más inocente hasta la anciana que va a la iglesia pueden tener deseos de matar. Está en su naturaleza, nadie logrará detenerlos, la perversión y la satisfacción son sus únicas metas en este mundo aburrido, caótico e inclusive podrido. Mi padre siempre me habla sobre los peligros que asechan desde las sombras, de como no debo cegarme ante la belleza ni caer en la tentación pues ellos son demonios que saben como jugar a la perfección. Por los peligros de su trabajo, me inscribió en un curso de defensa personal así por lo menos tendría con que defenderme en dado caso que alguien me atacará. Antes le temía a la muerte pero ahora si llega mi hora no me molestará partir, volvería a los brazos del ser que más extraño en estos momentos. El treinta y uno de octubre se cumplirán exactamente doce años desde que se suicido, el día que debía ser el más alegre se volvió amargo. Desde entonces ya no celebro mi existencia, la tragedia marcó por completo esta vida terrenal. El cementerio se convirtió en mi lugar favorito y por más que mi padre intentará animarme para seguir adelante no había forma de que yo pudiese ser la misma de antes.

MI SANGRE EN SUS MANOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora