Capítulo I. Una nueva mañana

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Me desperté como cualquier otra mañana, sin saber que esta iba a ser distinta.

Había mucho silencio pero puesto que eran las 7 de la mañana no le dí demasiada importancia.

Vivía en un pequeño bungalow de dos plantas. Mis padres estaban separados y solo veía una cosa buena en ello; el aseo del segundo piso, al lado de mi cuarto, era completamente mío.

Me dí una ducha tibia y me sequé el pelo lo más rápido que pude. Me detuve en el espejo y pude observar que llevaba algunas ojeras por lo que me puse un poco de corrector. Por lo demás no hacía falta que me maquillara pues tenía una piel bastante bonita y bronceada después de haber estado todo el verano tomando el sol aunque también tuvo sus consecuencias en mi pelo, que de quemarse había pasado de un castaño oscuro a uno ya mucho más claro.

Bajé a desayunar y mi madre no estaba, supuse que habría ido a comprar el pan.

No tardé mucho tiempo en preparar mi desayuno; unos cereales y una taza de leche.

Mientras terminaba de comerme los cereales pasó alguien por la ventana. Me quedé paralizada.

Teníamos un pequeño jardín, asi que, fuera quién fuera, estaba invadiendo mi casa sin permiso alguno. En estos momentos hubiera deseado que mi madre estuviera conmigo ya que así hubieramos podido ir las dos juntas a comprobar quién merodeaba por nuestro terreno. Qué remedio...

Tampoco le dí mucha importancia como para salir con un cuchillo, asi pues, cogí el primer objeto que ví que infundiría algo de respeto al llevarlo encima; el garrote de mi abuelo. Si, puede ser cómico o tal vez incluso estúpido salir con un garrote, pero... ¿A quién le gusta que le den con él?Me lo enfundé como si de una propia espada se tratara y abrí la puerta de la entrada.

En frente estaba la casa de las Muñoz; dos hermanas de unos setenta y tantos años que solo se dedicaban a asomar el hocico cada vez que ocurría o escuchaban algo, fuera lo que fuera, por eso me extrañó que no estuvieran ya asomadas a alguna ventana.

No había nadie a simple vista. Fui a cada extremo del jardín y sin ver nada raro me dispuse a volver a entrar a casa.

De pronto una mano me rozó el hombro.

—Vale mamá, que graciosa—dije a la misma vez que empezaba a girarme.

Lo primero que vi fueron unos enormes ojos rojos en una cara completamente repugnante. No hacia falta que terminara de girarme para saber que tremenda cara no era la de mi madre.

Entré corriendo por la puerta de mi casa y la cerré con un fuerte portazo. No era para menos.

Cogí mi móvil de mi habitación y marqué corriendo el número de mi madre.

Piiii...piiii...

Bien, no me cogía el teléfono. ¿Y ahora que tenía que hacer?

Vale, si esa cosa, hombre o lo que fuese seguía en el jardín lo vería a través de la ventana de mi habitación. Abrí la ventana y me asomé lo máximo que pude.

¿Qué? Dios mío...Estaba fuera de mi jardín comiéndose...¿Un gato tal vez?

No podía creer lo que estaba viendo... ¿Quién por repugnante que fuese se comería un gato así, de esa manera?

Salí corriendo de la casa con el garrote otra vez entre mis manos y cuando ya tenia al individuo cerca le dí un fuerte garrotazo en la espalda.

—¿Qué se cree que está haciendo? ¿Está loco o qué le pasa?

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