Capítulo IV. Y ahora que...

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Ya acomodados me sumergí en una larga conversación con Carmen. Era una mujer muy simpática y abierta. El marido sin embargo no hablaba apenas.

—Pues ha sido el primer zombi que encontramos aquí. Las puertas tienen bastante seguridad y resulta difícil para los zombis abrirlas pero por lo visto éste lo consiguió—me comentó Carmen.

—Habrá que tener cuidado a partir de ahora—le dije pues si uno ya había conseguido entrar nada nos aseguraba que no lo hicieran los demás.

—Sí —me contestó algo preocupada.

Pasó un largo rato en el que cada uno estaba entretenido con una tarea.

Carmen estaba preparando la comida para todos, Francisco y Carlos habían ido a dar una vuelta por el centro comercial para asegurarse de que no hubiera ningún zombi más y ya de paso bloquear mejor las puertas de entrada. Los únicos que estaban sin hacer nada eran Iker y Daniel, estos estaban en una esquina de la tienda, por lo que aproveché para acercarme a ellos y entablar conversación.

—¿Por qué estáis tan apartados?—les pregunté revolviéndoles un poco el pelo para que cogieran algo de confianza.

—No queremos que nos muerdan los zombis—contestó Daniel.

—Con nosotros no os morderá ningún zombi—le contesté con bastante seguridad.

Se volvieron a quedar callados. 

Conseguí apenas sacarles alguna frase de vez en cuando pero no mucho. De lo que sí me enteré es que después de huir de su casa que fue invadida por los zombis alguien les ayudó a venir al centro comercial pero tuvieron que separarse. No me dijeron más y pensé que sería mejor no preguntarles ya que les costaba trabajo hablar del tema.

—Ya estamos aquí —dijo Carlos mientras entraba a la tienda y me miraba curioso.

—Bien, necesito algo de ropa ¿Me acompañas?—estaba esperando a que llegara pues aunque me considerara bastante valiente como para ir sola a las tiendas también pensaba que él querría aprovechar y coger algo de ropa .

—Por supuesto.

Subimos al piso de arriba y fuimos directamente a la tienda de stradivarius.

Tras haberlo pensado y en las circunstancias en las que estábamos obviamente no era ocasión de ponerse vestiditos e incluso mejor que vaqueros preferí cogerme unas mallas ajustadas para poder moverme con facilidad y una camiseta algo larga que se ajustaba por la cintura pero tenía la parte de los brazos ancha, haciendo que una de las partes cayera por debajo del hombro. Por último cogí unas zapatillas deportivas y me lo llevé todo al probador.

Salí rápidamente con la ropa nueva ya puesta y pasando por la parte de los bolsos decidí coger uno bastante grande y ancho, de color negro y asas blancas. Era bonito y práctico pues podría meter ahí bastantes cosas, como ropa por ejemplo. Tal vez ni aún era necesario pero nunca se sabía cuanto tiempo nos quedaríamos en un mismo sitio y el estar en una tienda pudiéndote llevar cualquier cosa sin tener que pagar hacía que fuera inevitable cogerlo. 

Pase por la parte del mostrador y cogí uno de los relojes que estaban dentro del cristal. Era grande, con la aguja y adornos dorados.

Carlos me veía con una mueca divertida. 

Tras ponerme el reloj fuimos directos a la tienda de pull&bear a petición de él.

Acabó cogiéndose unos pantalones vaqueros piratas algo anchos pero no lo suficiente como para no marcar el buen trasero que tenía, pues nada más salir del probador fue en lo primero que me fijé. 

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