Capítulo V. El almacén

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Estuvieron debatiendo bastante tiempo sobre dónde era el sitio idóneo para ir.

—Deberíamos quedarnos algunos días más, reforzar las puertas principales y estar al tanto de la radio. Ya han dicho varios sitios donde se está refugiando gente y lo más coherente es reunirnos con ellos. Entre muchos estaremos más protegidos —comentó Francisco cambiando ahora la opinión de irnos después de pensar todo en frío.

Me sorprendió bastante que cambiara de opinión por una más coherente. Si al final resulta que este hombre piensa y todo. Aún así yo no podía compartir su pensamiento, pues yo sí tenía algo que me retenía aquí, o más bien a alguien, a mi madre.

—¿Tu que opinas Laura? —me preguntó Carlos.

-Yo no me voy a ninguna parte.- prefería decirlo claro para que desde un primer momento supieran que no me iría a ningún sitio porque debía y quería esperar a mi madre.

—¿Por qué dices eso Laura? —me preguntó Carmen con preocupación. 

Solo había pasado un día y ésta mujer parecía haberse encariñado conmigo, pero incluso yo también con ella. Era un encanto.

Todos me observaban intrigados menos Carlos. 

Él ya sabía mis motivos.

—Es por mi madre. Le escribí una nota diciéndole que estaría aquí y si ya hay pocas posibilidades de que lea la nota y venga, menos habrán si me voy.

—¿Pero te quedarás aquí sola? Le podrías volver a poner otra nota diciéndole hacia dónde nos dirigimos. —me preguntaba Carmen, pero ella ya se había dado cuenta que no iba a cambiar de parecer.

—¿Y ponerla más en peligro? No, voy a quedarme aquí.

—Y no estará sola, yo me quedaré con ella —añadió esta vez Carlos.

Me encantó oír eso aunque, realmente, yo ya sabía que él se quedaría conmigo.

—Bueno, es vuestra decisión. De todas maneras hemos acordado no irnos todavía. Podréis pensarlo más a fondo.   —comentó de nuevo Carmen.

—A menos que mi madre aparezca, mi opinión será la misma —y tras decir aquello dejamos el tema zanjado por el momento.

Carmen y Francisco se dedicaron a oír la radio. Iker y Daniel se acostaron en sus camas. Y yo...Yo me estaba orinando.

—Tengo que ir al baño ¿Me puedes decir cual es el más cercano Carmen?

—Claro, te acompaño y así de paso nos aseamos ya.

—Toma —me dijo Carlos antes de que saliéramos —solo por si acaso— y me entregó su pistola.

—¿Crees que sabré utilizarla? —sabía lo típico de las películas pero una cosa era la teoría y otra la práctica.

—Es fácil. Aquí está el seguro. Lo quitas así, lo coges con las dos manos así—me decía mientras me hacía la demostración. Se veía tan varonil sosteniendo así la pistola...— y cuando hayas apuntado disparas.

Vale, no tenía complicación alguna por lo que le cogí el arma y me la puse dentro de los pantalones, cosa que me hizo gracia ya que me recordaba a muchas series que había visto, entre ellas al Duque de la serie Sin tetas no hay paraíso.

—Pues ya estamos listas y armadas Carmen, preparadas para cualquier misión como ir al aseo—no pude evitar reírme, aunque si era cierto que tenía sentido ir armadas a cualquier sitio, por cercano que estuviera.

Carlos arqueó la ceja y poco después curvó los labios en una sonrisa. Al fin y al cabo le había hecho algo de gracia.

—Vamos Laura—me dijo Carmen mientras me sonreía y terminaba de coger un neceser y algo de ropa para cambiarnos.

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