Capítulo XXIII. Declaración

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Llevabamos varios días buscandole por todos los alrededores y todas las casas sin encontrarle.

Me encontraba en una fase bastante familiar pues cuando ví a mi madre convertida en zombie me sentí igual.

Lo que más me amargaba era la impotencia de no saber dónde estaba y en que situación.

Todos los días empezaban a convertirse en una especia de rutina; ir a buscarle en todas las casas de alrededor, volver a la guarida a comer, volver a buscarle, volver a la guarida y dormir.

A Marcos ya se le habían caido los puntos y se le empezaba a curar la herida. Elena seguía hablandome aún con mis cortas respuestas pero lo que más apreciaba de ella era su incansable paciencia intentando hacerme reir aunque no lo consiguiera. A Silvia la ignoraba. Aveces la pillaba hablando en susurros de mi pero, la verdad, no me interesaba lo que pudiera decir.

David era el que más tiempo pasaba a mi lado. No hablabamos mucho pero no hacía falta. Nos entendíamos bastante bien aunque yo no estuviera muy receptiva.

Ya se había vuelto una costumbre acostarme y levantarme llorando. Acostarme llorando pensando en Carlos y levantarme llorando por las recientes pesadillas que tenía de él. En la mayoría veía a Carlos convertido en zombie. Algo que era impensable para mi.

Sabía que estaba bien, en algún lado refugiado, y cuando le encontrara lo entendería todo.

Pensar así me daban fuerzas para continuar con ganas cada día.

En una ocasión David me había propuesto ir a Alicante para llevar el frasco y darselo a mi madre. Pero lo había pospuesto hasta que encontrara a Carlos. Había hablado con Carmen en varias ocasiones, informándole de todo lo ocurrido y cualquier novedad, aunque novedades eran pocas. Mi madre seguía en aquel almacen y yo quería ir allí con Carlos. Ir sin él sería como echar la toalla en su búsqueda y no podía enfrentarme a ello. En cuanto le encontrara no perdería tiempo e iría con él allí.

En el transcurro de los días me pude dar cuenta que entre Marcos y Elena había algo. Me sentí bastante aliviada pues en un primer momento me había dado la impresión de que Marcos estaba interesado en mi. Tambien me quedó claro que Silvia estaba interesada en Carlos por la frecuencia con la que preguntaba a Marcos y a todos los que nos acompañaban en la búsqueda sobre él, aunque tampoco me importaba mucho en estos momentos porque lo único que tenía en mente era encontrarle. Pero no pude quedarme callada ante el comentario que hizo a la hora de cenar, mientras yo entraba en el comedor.

-Seguro que se hartó de ella y le abandonó.-pude oír decir a Silvia refiriendose a Carlos y a mi.

Me acerqué a la mesa donde estaba sentada.

-¿Qué problema tienes conmigo Silvia?- le dije con un tono provocador.

-Mi problema eres tú.- contestó con esos aires de superioridad que tenía siempre.

-Yo creo que más bien tu problema és que eres una envidiosa.

-¿Envidiosa? ¿De ti? ¡Já! No sé en que podría envidiarte.- me contestó

-Bueno, al menos yo no soy una arpía cotilla como tú. Ese és uno de los motivos pero si quieres puedo hacerte una lista...

-Serás...-empezó a decir mientras yo me daba la vuelta dejandole con la palabra en la boca, lo que le molestó aún más.

Ya habíamos terminado de cenar. Me quedé un rato más en la mesa pues aun no tenía sueño. O más bien intentaba posponer la hora de acostarme y por lo tanto posponer la hora de hacerle frente a las pesadillas que se habían vuelto ya en una costumbre. Ya se habían ido la mayoria a sus habitaciones por lo que ni siquiera me dí cuenta que David seguía en la mesa hasta que habló.

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