Capítulo IX. Madrid

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Ya sabíamos por donde por lo que no teníamos tiempo que perder. Carlos y yo cogimos nuestras mochilas (que menos mal las habían recuperado del coche) y Elena y Marcos después de haber empacado sus cosas, cogieron las suyas respectivamente. Básicamente llevábamos armas, comida y algo de ropa para cambiarnos.

Marcos y Elena se fueron a despedir de todos, mientras Carlos y yo hacíamos lo mismo pero más detenidamente con David. La verdad me daba bastante pena que no se viniera el también, pero cuando se lo pregunté esta fue su respuesta:

—Yo hago mucha falta aquí, sin mi estos pringaos no serían nada.-y empezó a descojonarse nada más decirlo. Supongo que ni el mismo se creía lo que acababa de decir. Aunque en cierto modo tenía razón. David parecía ser el líder, aún con su temprana edad si la comparábamos con varios de los veteranos que allí se hallaban, pero parecía ser el alma de la guarida. Pues David era el típico que te alegraba el día soltándose una de sus paridas.

Y por fin llego la hora en la que salimos los cuatro de la guarida.

Nada más poner los pies fuera de la guarida me giré 360º, contemplando todo que parecía estar desértico. A unos 500 metros estaba la autovía, y a la izquierda de ella se apreciaba una especie de pueblo de esos que construían alrededor de las carreteras que no eran muy grandes. Volví a contemplar la puerta de la guarida, totalmente parecida a una alcantarilla, pues era redonda y estaba al mismo nivel del suelo y al estar entre matojos la verdad era que no se veía.

Empezamos a caminar hacía la entrada del pueblo. Por un momento me resulto bastante cómica la situación. En primera fila iba Carlos, detrás Marcos, luego yo y por último Elena. Todos en fila  y caminábamos algo agachados pero a paso ligero.

—¿Pero los zombies no se guían por el olfato?—me preguntó Elena en un susurro mientras seguíamos andando agachados.

—Bueno se supone, pero por si acaso... la verdad que esto me recuerda a varios juegos—le dije mientras me reía, pues esto de haber sido hija única y no haber tenido hermanos con los que jugar de pequeña había hecho que en mi infancia tuviera de amistad a la famosa play station de toda la vida.

—Pues si, solo nos falta ir dando volteretas y rodando como la Lara Croft—decía Elena sin poder evitar reírse al final de la frase.

Y yo simplemente me deje llevar, cosa que hacía tiempo que no hacía.

—guaaaaaaaaaaaa—y tras decir aquello sin alzar demasiado la voz me puse a rodar por los matojos para darle aún más gracia a la situación, imitando a Lara Croft.

—Jajajaj Laura que bueno—me decía Elena mientras se reía e intentaba rodar como yo lo había hecho.

—Chssss—nos dijeron a la vez Carlos y Marcos mirándonos sorprendidos mientras se volvían a girar para seguir con el camino. 

Menuda estampa, era el típico momento en el que me hubiera gustado habernos grabado rodando, como dos crías pequeñas.

La verdad que con Elena era fácil sacar mi parte más infantil que hacia tiempo que no salía a luz.

Al cabo de un rato de risas casi insonoras, pues tampoco podíamos hacer mucho ruido, nos hallábamos ya cerca de las primeras casas.

—Ey allí hay varios coches. Vamos a acercarnos, puede que alguno tenga la llave a la vista—dijo Marcos

Llegamos y nos separamos para mirar los coches.

— Aquí—dijo Carlos tras unos minutos mientras señalaba un Nissan Terrano. Vimos como abría la puerta y sacaba un cadáver que por lo visto ya llevaba varios días en ese estado, y lo dejó en el suelo a poco más de 2 metros.

—Dioss que mal—dijo Elena mientras nos acercábamos.

Subimos rápidamente sin darle más importancia a lo que acabábamos de presenciar. Carlos de conductor, Marcos de copiloto y Elena y yo en la parte de atrás.

Y ahí otro de esos momentos bastante cómicos, que para mi sorpresa ya iban siendo varios. Nos giramos todos, mirándonos los unos a los otros y poniendo poco a poco cara de repugnancia. No pasaron muchos segundos para que tuviéramos que taparnos la nariz con nuestras manos.

—¿Qué bien huele no?—preguntó Marcos sarcásticamente pero sin poder vocalizar mucho pues se apretaba la nariz con los dedos para no respirar.

—De maravilla—le contesté con la misma claridad para hablar pues yo también me tapaba la nariz, y es que la pestilencia que había dejado el cuerpo era demasiada.

 Abrimos todos los cristales y Carlos arrancó en seguida, para no demorarnos demasiado.

—Poner la radio para ver si hay novedades—les dije cuando ya se había ventilado el coche y habíamos vuelto a subir las ventanillas casi por completo.

Marcos fue pasando las emisoras, pero ninguna daba señal. Fue entonces cuando me vino la imagen de Carmen.

—Voy a llamar a Carmen—le dije a Carlos. Los demás no dijeron nada pues ya sabían quien era. Cogí el teléfono móvil de uno de los bolsillos pequeños de la mochila y marqué el número de Carmen.

No podía creer lo que estaba oyendo. Carmen me estaba contando que al poco de irnos dejaron de transmitir noticias por la radio y que unas horas más tarde habló uno de los científicos angustiado diciendo que debían abandonar el hospital, que los infectados habían conseguido entrar. Me enfurecía por momentos pero no podía pagarla con ella obviamente, le pregunté si estaban todos bien y si ella...seguía en el almacén. Si, así era. Le dije que le volvería a llamar y que si pasaba algo contactara lo antes posible conmigo.

Los demás se enteraron de lo que pasaba por la parte de conversación que habían escuchado y esperaban atentos a mis palabras.

—Estamos a poco más de una hora ¿Qué os parece si lo comprobamos nosotros mismos? —pregunté yo sin saber muy bien que era lo que me contestarían. La verdad es que era bastante peligroso pero a lo mejor ni tendríamos que bajarnos del coche pues si se veía que por dentro estaba infectado de zombies no habría necesidad de entrar pero ¿Y si eran solo unos pocos?¿O si ya no había ninguno? Teníamos el depósito lleno y aún incluso podríamos volver a la guarida sin necesidad de repostar. Estábamos tan cerca...

Elena y Marcos parecían indecisos. Carlos, después de haberme estado mirando bastante rato por el retrovisor fue el que rompió el silencio que había creado yo con mis preguntas.

—Bueno, hemos empezado el viaje, habrá que acabarlo ¿no?.

—Por echar un vistazo no pasará nada—respondió Elena después de algunos segundos que parecieron eternos.

—Si, sigamos—añadió Marcos.

Me agarré del reposa cabezas delantero, el del asiento de Carlos, para poder verle los ojos por el retrovisor. Bueno los ojos...los ojazos más bien dicho, y como si los dos estuviéramos sincronizados me miró también. Me dieron ganas de hacerme para atrás rapidamente,como si fuera una niña pequeña a la que le hubiera dado vergüenza que le pillaran mirando, pero obviamente no lo hice y el seguía mirandome hasta que Elena habló.

-Uy, ya me imagino porque tuvisteis el otro accidente.-decía mientras se reía. Y nada más decirlo Carlos y yo nos colocamos normal en el asiento, volviendo a mirar hacia delante, pero con la sonrisa en la cara. La verdad que algo de razón había en esa suposición...

Y despues de una larga hora, pues se hizo eterna por los nervios de que nos ibamos acercando, pudimos ver un cartel bien grande a la derecha y todos dimos un suspiro, pues en el cartel se podía leer con letras bien grandes:

BIENVENIDOS A MADRID

Aventura zombie *Parte 1 y 2 unidas* (Sin editar)¡Lee esta historia GRATIS!