Capítulo II. Emociones a flor de piel

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Eran las dos de la mañana cuando unos ruidos del exterior lograron despertarme. 

Me incorporé y vi a Carlos mirando por la ventana.

—¿Qué pasa?—dije sabiendo que la respuesta no iba a ser de mi agrado.

—Son ellos. Por lo visto la gente de ésta ciudad come más carne de la que pensábamos, pero como me temía salen más, muchos más por la noche.

—Joder...—dije sin poder evitar soltar una palabrota tras saber que habían muchos de esos seres fuera de la casa— ¿Y qué se supone que tenemos que hacer ahora?

—Nada. Mientras no oigan ruido ni luz procedente de aquí creo que estaremos seguros.

—¿Eso crees?

—Bueno, soy tan nuevo en ésto como tú, es simple intuición.

Ya estaba demasiado despierta por lo que me costaría bastante volver a quedarme dormida.

—¿Qué haremos mañana?

—No lo sé...no podremos estar aquí eternamente. La comida acabaría terminándose y tendríamos que salir igualmente.

—Ya...¿Pero a dónde iremos?

—¿Te gustan los centros comerciales?— me preguntó mientras me evaluaba con la mirada.

—Si—vale. Era más que un sí. Me apasionaba la idea de ir a un centro comercial. Me sentía un poco egoísta por pensar así pero no podía engañarme a mi misma. Estar en un centro comercial sin que hubiera nadie más pudiendo hacer y coger lo que te diera la gana era el sueño de cualquier adolescente, no obstante, también era el mío. Y también había que tener en cuenta que el centro comercial más cercano dotaba también de supermercado e incluso una armería que habían abierto hace poco, a si que tendríamos comida, ropa, armas...todo en uno. Se me hacía la boca agua de solo pensarlo.

—Veo que te encanta—dijo adivinando mis pensamientos

—Y yo veo que me vas conociendo—y le dediqué una gran sonrisa.

Me apetecía que ya fuera por la mañana pero también tenía que pensar que el camino podía ser duro. O no tendría porque serlo tanto pues el coche de mi madre estaba fuera aparcado y podríamos cogerlo.

No. Definitivamente no. ¿Y si mi madre venía con necesidad de llevarse el coche y viera que el coche ya no estaba? La podría poner en peligro ya que no sabia si íbamos a volver pronto. Tendríamos que ir andando, qué remedio.

Notaba que el sueño invadía casi totalmente mi cuerpo a si que terminé por dejarle ganar la batalla.

Me desperté temprano, eran las 8 de la mañana. Bueno era normal, pues aun que nos hubiéramos despertado por la madrugada nos habíamos acostado bastante pronto. Pero por lo visto Carlos había continuado bastante parte de la noche despierto con el tema de nuestra seguridad y vigilancia con los que se encontraban fuera. A si que fui a preparar algo de desayuno mientras él dormía.

Teníamos que coger energía por lo que hice unos huevos con bacon; típico desayuno de los ingleses que ahora nos vendría muy pero que muy bien. Fui a coger la sarten del armario de arriba creyendo que no había nada más encima. Vale, estaba equivocada.

—Auuuuuu—y en otras circunstancias hubiera chillado como loca,  pues me habían caído dos grandes cazos en toda la cabeza, uno de ellos cayendo también al suelo y haciendo aún más ruido.

—¿Te ayudo?—me preguntó de pronto Carlos apareciendo justo detrás de mi, con una gran sonrisa en la cara, pero dándome un tremendo susto.

—Aaaiii. Entre el cazo y tu...¡Me vais a matar!—bueno, puede que exagerara un poco pero a esas horas de la mañana y después de semejante golpe que había recibido mi mente no daba para más.

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