Capítulo XXVI. Jessica

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Decidimos adelantar nuestra salida ya que después de comer todos se habían ido del comedor, quedando este vacío, y puesto que habíamos decidido irnos sin decir nada para no preocuparles, éste era el mejor momento para irnos. Primero fuimos a la habitación para coger las mochilas.

-Cuando volvamos de la casa, sea lo que sea que encontremos allí, iremos a Alicante.-me dijo Carlos sonriendome.

Si. Se me había olvidado decirle el pequeñísimo detalle de que la zorra de Silvia me había tirado todo el líquido y con ello las esperanzas de volver a ver a mi madre.

-Ya no tengo el frasco Carlos. Se calló y todo el líquido se perdió.- le dije obviando el detalle de quién lo tiró pues prefería no entretenernos ya que no teníamos tiempo que perder.

No se lo esperaba y comprendió que aún intentando no darle importancia la tenía. Me abrazó instintivamente. La verdad que habían pasado los últimos acontecimientos demasiado rápidos, tanto la caída del frasco como el regreso de Carlos y parecía que mi mal humor del primer acontecimiento había sido contrarrestado por la alegría de que Carlos aparecíera, pero ahora que había vuelto a recordarlo sentía como de nuevo se me comprimía el pecho, aunque aún así su abrazo me reconfortaba de una manera difícil de explicar.

-Laura, te prometo que volverás a ver a tu madre.

-No prometas algo difícil de cumplir. Aunque me cueste decirlo y por mucho que me duela empiezo a hacerme a la idea de que puede que no la vuelva a ver...

-No digas eso, es más, te prometo que también conocerás a tus suegros.-me dijó con su sonrisa más encantadora.

-Mis suegros...-dije analizando las palabras. Eso daba a entender que oficialmente eramos novios. Aunque ya lo tenía claro pero la confirmación me encantaba.

-Bueno, porque somos pareja ¿No? -preguntó, lo que hizo que me enfadara por dudar de ello. Pero un enfado muy leve.

-Para mí eres más que mi pareja.

-Y para mi tonta ¿O es que acaso lo dudas?- y al decirme eso olvide el anterior enfado completamente.

-Bueno...quizás me lo tengas que demostrar...-dije cambiando mi estado de humor a uno más sensual.

Nada más decirlo se acercó lentamente, dandome suaves besos en el cuello, haciendo que se me erizara la piel ante el contacto.

-¿Cómo quieres que te lo demuestre?- me susurró sensualmente al oido mientras seguía dandome besos

¿Como podía resistirme ante ese contacto? No, no podía. Respondí a sus besos apasionadamente, besandole con una intensidad feroz. ¿Y cómo parar cuando mi cuerpo respondía solo ante sus caricias? Pero teníamos que irnos ya si no queríamos que nos pillaran y aunque lo sabíamos ninguno de los dos tenía ánimo de parar.

Saqué voluntad de donde creía no tener y le separé con una mano para que dejara de besarme de tal manera pues si seguía haciendolo sabía a donde ibamos a llegar y no había tiempo para eso.

-Tenemos que irnos-dije con el pulso acelerado ante la emoción.

-Qué remedio...-dijo con una voz que daba a entender en el estado que él tambien estaba. Me dió un rápido beso en los labios para no volver a dejarse llevar y cogió las mochilas.

Antes de salir de la habitación escribí una nota para David. Sabía que entraría tarde o temprano a la habitación para buscarme y el no encontrarme le preocuparía y no poco. No quería que lo pasara mal en mi ausencia por lo que le escribí que no se preocupara, que teníamos algo que hacer y volveríamos lo antes posible. No le puse mucha información por lo que podía ser que se desesperara más al leer la nota y el no saber donde estaríamos pero de todos modos era mejor que supiera al menos que volveríamos. Tras dejarsela fuimos sigilosamente hacia la salida de la guarida.

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