XXXIV. Justo a tiempo

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XXXIV.          Justo a tiempo

Para cuando llego al borde del malecón, me comienzo a desesperar.  Bajo corriendo la rampa que lleva a la Costa Verde.  No bien he llegado al nivel de la playa ya huelo el aire salado del mar.  Atravieso rápidamente la plaza que lleva a la carretera que recorre la Costa Verde de un extremo de la ciudad de Lima al otro a la altura de la playa.  Y luego llego al borde de la reja que alguna vez alguien instaló como segundo perímetro al borde del Club Regatas.

Pareciera que en algún momento un grupo de sobrevivientes se refugió en este local y trató de mantener a los zombies fuera instalando una reja alrededor del perímetro del club mismo.  No obstante, esta reja claramente no fue impedimento para que la Horda, cuando pasara por aquí, la destruyera.  Aún así hay restos por aquí y por allá de la reja.

Entre el perímetro de reja y el muro que define el borde mismo del club hay unos tres metros.  Los camino lentamente y con cuidado.  Llegando al muro pego el oído al portón de metal por el que pretendía entrar, el cual está cerrado.  No es muy alto y había pensado treparlo, pero cuando me acerco un sonido me sugiere prudencia.  Un sonido similar a un murmullo.

Pego el oído y sé exactamente de qué se trata.  Al otro lado de este muro hay una aglomeración de zombies que no están tranquilos.  Si me asomo se inquietarán y se comenzarán a mover y no quiero eso. 

No obstante, no había llegado hasta ahí para darme la vuelta e irme.  Debía haber alguna forma de llegar a donde sea que guardasen sus botes.  Lamentablemente ni siquiera estoy seguro de dónde es eso.  

En este momento lo que necesito es un mapa o alguna manera de ingresar al terreno del club sin alborotar a los muertos vivientes que están al otro lado del muro.  Examino hacia los lados y me doy cuenta de que hay una solución obvia a mi problema.  

Camino bordeando el muro hasta que llega a la playa.  Bajo a la arena con miedo.  Me estoy exponiendo demasiado.  Si hubiese un francotirador cerca podría darme fácilmente.  No obstante, pareciera que mis perseguidores se han quedado en Miraflores y que si llegaron a Barranco, ahí me perdieron la pista.  

Desde la playa puedo ver el final del muelle angosto que nace de lo que alguna vez fue el Club Regatas.  Puedo ver que al final del muelle hay un bote a remos amarrado.  Se le ve en buenas condiciones.  Me emociono y caigo de rodillas sobre la arena.  Estoy salvado.

Con ese bote a remos puedo ponerme en el camino del velero cuando éste dé la vuelta para acercarse a la cosa la suficiente como para recoger a los Caminantes.  Podría llamar así su atención para que me suban a bordo.  Si todo sale bien, estaría salvado.

Y justo a tiempo.

El sol está comenzando a bajar.  En un par de horas será de noche.

Aún no sé cómo llegaré a ese bote a remos, pero saber que está ahí y que existe es un gran alivio.

Me siento en la arena, respiro profundamente unas cuantas veces y luego miro al horizonte.  Ya casi estoy fuera de peligro.  Estoy a unos metros de mi objetivo.  Y cuando llegue podré descansar.  Una vez que esté en el bote, remando mar adentro, estaré a salvo.

Pero aún no.  De hecho, estar ahí sentado en la arena relajado es un inmenso peligro.  Muchísimas cosas podrían salir mal.  Me paro con pesadez, tomo mi machete y me ajusto las correas de mi mochila.  Cierro los ojos por unos segundos.  

Ha llegado el momento de aceptar que esta semana ha sido demasiado para mí.  Me tiemblan las piernas.  Estoy un poco mareado.  Los últimos dos días mi cuerpo ha estado funcionando a punta de adrenalina.  Cuando llegue a mi casa -si es que salgo de aquí-, estaré tirado en una cama por varios días.  La mala alimentación de esta semana me está comenzando a pasar factura.  Más me vale llegar cuanto antes a ese bote.  Siento que la posibilidad de caer desmayado en ese mismo momento es cada vez más grande.

Una de las grandes inconveniencias de que la actividad del Caminante sea solitaria es que un imprevisto como ése se puede convertir en fatal.  Si uno anda en parejas o en grupo y cae desmayado por una tontería, habrá alguien que lo arrastre a un lugar seguro.  Pero si uno anda solo, puede ser que te tropiezas y te golpeas la cabeza o que comiste algo que te cayó mal el día anterior y terminar siendo comida de zombie.  

Ser Caminante es una tarea de a uno.  No funciona de a dos.  Primero porque no paga tan bien.  Si yo tuviera un asistente o un aprendiz, tendría que pagarle.  Y sinceramente mis ganancias a fin de mes no son tan grandes.  Es más, hay veces en las que regreso de Lima con tan poco que entregar, que tengo que prestarme dinero para poder sobrevivir el resto del mes.  Cualquiera pensaría que arriesgar mi vida viniendo a Lima a recoger cosas intrascendentes para sobrevivientes nostálgicos valdría más.  Y seguramente lo vale.  Pero los sobrevivientes no están dispuesto a pagarlo.

En el fondo los entiendo.  Muchos de ellos no han aprendido a vivir en este nuevo mundo.  Eran muy exitosos antes de la plaga y ahora que la civilización es otra no han sabido encontrar para qué son buenos.  Estos se pueden dar al abandono y vivir en la franca miseria.  Y la verdad es que podrían ser útiles si se concentraran en serlo.  Hay muchas labores que necesitamos en donde vivimos, pero que nadie las hace.  Y aprenderlas no sería muy difícil.  O quizás lo sean, pero que no es imposible hacerlo.

Además está el detalle del velero.  Luis nos cobra por persona.  Traernos hasta aquí no es gratis.  Y no está libre de riesgo tampoco.  Él se arriesga para ponernos frente a la Costa Verde y cobra bien por eso.  Quizás de toda la operación, él y sus marineros sean los que mejor la pasan.  Los que se llevan la mejor tajada.  

Quizás cuando tenga algo ahorrado deba pensar en dedicarme a eso.  Es menos peligroso de lo que hago ahora y me permitirá envejecer con mayor tranquilidad.  Después de todo, mi edad ya está comenzando a ser un problema.

Así que ni modo.  Ha llegado el momento de seguir avanzando.  El sol se comienza a ocultar y eso significa que me queda menos tiempo.

Requiem por LimaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora