XXXI. La vegetación de una ciudad

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XXXI.     La vegetación de una ciudad

En la oscuridad no los puedo reconocer bien.  Pero igual son malas noticias.  Considero mis opciones.  Me puedo quedar en donde estoy y esperar a que terminen de pasar, para luego yo usar ese puente en la dirección contraria.  Puedo retroceder, bajar a la Costa Verde y pasar a Barranco por abajo.  O si no, puedo avanzar más por las calles para dar la vuelta a Barranco sin tener que usar el puente.  

De pronto se me ocurre que hay una alternativa más que no había pensado: Pasar por debajo del puente.  Implica también su riesgo, pero puede ser preferible a ser descubierto por los militares o por los Halcones.  Y es que estimo que pronto habrá un enfrentamiento entre ambos grupos.  Y ese enfrentamiento será a balazos.  Y esos balazos hacen sonido que atrae a los zombies.  Si esto es correcto, debo salir de la zona cuanto antes.

Así que corro al borde del distrito, antes de lo que alguna vez se usó para bajar en carro a la Costa Verde.  La vegetación es bastante densa por debajo del puente, así que cuando me descuelgo para pasar por debajo caigo en la hierba que ha crecido ahí y me corto en varias partes con ramas y espinas.  Odio la vegetación.  Es una de las muchas cosas que me gustan de la ciudad.  Odio cuando algo así me pasa.

Conforme avanzo entre la maleza me corto un par de veces más y siento que se me suben bichos.  No los veo, porque hay poca luz.  Asumo que son arañas, por lo que me comienzo a preocupar.  Quiero salir de ahí cuanto antes, pero no voy ni por la mitad.

Me comienzo a desesperar.  La maleza me impide avanzar más rápido de lo que querría.  Las heridas me están doliendo.  Siento las arañas encima.  La mochila que llevo al hombro me retrasa.  Esto no está nada bien.  Nada, nada bien.

De pronto soy presa del pánico.  Mi respiración de agita.  Ni siquiera veo hacia donde voy.  Solo quiero salir de ahí.  Avanzo dando saltos, jalando con las manos las ramas, tratando de acceder a más aire.  Hago lo que puedo y siento que me pican las manos, que sudo en todo el cuerpo.  Malditas malezas.  No había considerado que serían tan problemáticas.

De un momento a otro siento una brisa.  Afino la vista y reconozco que ya estoy cerca al borde de la densa maleza.  Hago un último esfuerzo y salgo al pavimento viejo y maltratado.  Caigo de rodillas al suelo mientras lucho por recuperar mi aliento.  Y me habría gustado dedicarle más tiempo a reincorporarme, cuando un sonido llama mi atención.

Levanto la vista y doy un salto para atrás del susto, cayendo sobre los matorrales.  Seis zombies se acercan a mí directamente y me rodean.  Para salir de la vegetación he hecho demasiado ruido.  Más atrás de estos seis, hay otros diez cadáveres andantes que se acercan también, pero a una distancia un poco mayor.  Sin pensarlo realmente desenfundo mi revolver y le disparo en la cabeza al zombie más cercano.

El cráneo del muerto viviente explota en el aire.  Partes de hueso y de lo que quedaba dentro se esparcen por la acerca cuando el cadaver cae al suelo.  Pedazos de cerebro seco y algo de sangre coagulada expulsan el asqueroso olor que tan bien conozco.  Los otros cinco de inmediato comienzan a avanzar hacia mí con mayor determinación, al igual que los otros diez.

Fue un error disparar con mi pistola.  El sonido del disparo no solamente ha agitado a los zombies, sino que seguramente atraerá la atención de los militares que pasaron por aquí.  O de los Halcones que me están persiguiendo.  Maldigo entre dientes y arranco a correr para poder subir la quebrada al lado de Barranco.  Debo salir de aquí cuanto antes.  Adentrarme en ese otro distrito y perderme entre las calles.

Mientras corro guardo mi pistola y desenfundo mi machete.  Con éste me abro camino.  Antes de llegar al otro lado de la quebrada y comenzar a subir he eliminado a dos zombies más. ¿O fueron tres? No lo sé.  Estoy tan desesperado por salir de ahí que no estoy seguro.

Cuando por fin subo por la rampa que alguna vez usaron carros para bajar de Barranco a la Costa Verde y estoy en una calle del distrito, escucho un disparo detrás de mí.  Menos de un segundo después, veo cómo un pedazo de la pared que está delante de mí explota.  Me volteo y busco con la mirada.  No noto nada, pero es claro que me están disparando desde una posición elevada con un rifle de francotirador.

No deseo esperar un segundo disparo, así que me tiro a un lado y me cubro detrás de una pared.  Me han disparado.  Saben que me estoy moviendo al sur.  Lo que yo no sé es quién es el que lo sabe. ¿El que me ha disparado está con los Halcones? ¿O con los militares? ¿O es que me ha atacado alguien que no tiene nada que ver con estos dos bandos? Poco probable, pero siempre es una posibilidad.

En todo caso, no gano nada quedándome parado.  Tengo que seguir huyendo.  Seguirme moviendo al sur.  Ahora lo debo hacer por estas calles, cubriendome de un francotirador que se encuentra al norte de mí.

Ni modo.

Requiem por LimaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora