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Iba en el auto, con la cabeza apoyada en la ventana. Ciertamente no podia ver nada y eso me fastidiaba en sobremanera. Me hacia sentir vulnerable, un blanco fácil. Pero así debía ser, si quería realizar el viaje. Nunca fui muy buena negociando.

Aun pensaba en el esfuerzo que me supo tener que ceder, tener que pedir el favor. Cuando Sean atendió mi llamada no esperaba ni por asomo escuchar lo que le dije. Simplemente, se limito a aparecer en mi casa, alegando lo mismo que mis amigos. Que había perdido la cabeza.

-India, ya  no confían en mi, los traicione de alguna manera, aunque tu no lo veas asi. -decia, exasperado. Intentaba no hacerme enojar, queria buscar otra manera de ayudarme, como si con eso pudiese redimir su pecado. -Por no decir que es suicida que te enfrentes tu sola contra los druidas oscuros...

-No quiero pelear con ellos -mi voz era fria y controlada, como la de una persona que es completamente consciente de una absoluta verdad. -Solo necesito hablarles, tengo algo que ofrecerles, a cambio de información. Información vital para mi.

-¿Y tu crees que a ellos les importa? ¡India, entiende! Ellos ansían destruirte, fuiste quien mato a su mesías... No aceptaran nada que puedas ofrecerles, porque ya todo lo perdieron.

-Mira, me lo debes. Tu sabes que al menos me debes esto. -le espeté, clavando mis ojos de fuego en los suyos, aplastándolo con mi mirada. -No te estoy pidiendo si quiera que estes ahi, si tienes miedo, bien por ti. Solo necesito que hagas la conexión. O que me digas donde puedo encontrarlos.

En ese momento, el semblante de Sean pareció el de un hombre de muchos años. Un hombre que cargaba un peso gigantesco en sus hombros, un peso del que no podia deshacerse. Cerro los ojos y suspiro, fue ahi cuando supe que habia ganado mi discusión. O al menos parte de ella.

-Bien. Lo hare. -dijo con pesar. -Pero bajo mis términos.

-¿Que? ¿Te atreves a ponerme reglas? -estaba anonadada. La desfachatez  de la gente era algo que siempre escaparía mi comprensión.

-Si. Si quieres exponerte de esa manera, lo harás bajo mis condiciones. Ire contigo, pero no podrás ver el camino, pretendo asegurarme que no puedas volver a cometer esta estupidez.  Y yo hablare primero, antes de que logres que te maten. Haz lo que te diga cuando estemos alli, pues soy yo quien sabe las palabras correctas.

Lo habia mirado con exasperación, me irritaba. Debi aceptar, pues habia visto en sus ojos la determinación, lo que me decia que  no habia manera de hacerle cambiar de parecer.

Y asi termine, en su auto y con los ojos vendados como una niña pequeña. Siendo asi consciente de la agudez de mis otros sentidos. Podia oir mas alla del sonido del motor, el viento azotando el auto, habia naturaleza a nuestro al rededor, podia sentirlo. Captaba sus pequeños suspiros, el latido de su corazón ferviente ante mi proximidad. Respiraba el perfume del cuero de los asientos, olia su miedo y su perfume, ese maldito perfume...

Eso siempre disparo mis sentidos. Ese estúpido perfume que solo el tenia. Y odiaba que siguiera haciéndolo, me hacia sentir enferma. Que en alguna parte de mi cuerpo siguiera deseándolo, cuando debia aborrecerlo. El habia sido el destructor de mi mundo tal cual lo conocía. Era mi demonio personal.

-Oye... quiero aprovechar el momento... -comenzó, nervioso por dirigirme la palabra, pero no lo deje terminar. Ya veia por donde iba esto y por eso me habia parecido una mala idea desde el primer momento que me acompañara en mi pequeña travesia.

-Ni lo pienses, Boss. Ni lo pienses.

-India, debes escuchar. Tienes que escuchar. Porque al menos asi, comprenderás. Al menos asi puedes odiarme entendiendo el por qué de todo. Y asi podras continuar. Tan solo quiero eso, que seas capaz de continuar. 

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!