El viaje fue mas corto de lo que recordaba, quizas el hecho de ir en auto, sin paradas en el camino reducia el tiempo. Sin embargo, lejos de dejarme tranquila, me ponia cada vez mas tensa. Sean y yo no volvimos a hablar en todo el trayecto y al parar el auto supe que pronto tendria sobre mi demasiadas cosas. Demasiada informacion. 

¿Seria capaz de manejar todo correctamente? ¿Que pasaba si India no era una buena persona? ¿Que pasaba si descubria sucios y peligrosos secretos sobre mi? ¿Y si habia sido simplemente una persona egoista y miserable y por eso nadie nunca pudo encontrarme?

Aparco el auto frente a una casa de tamaño medio. Se veia descuidada, pero no del todo, era como si siempre hubiera estado en condiciones y tan solo recientemente se hubiesen dejado estar con sus cuidados. Nos acercamos y tocamos la puerta, comence a temblar de los nervios. Sean tomo mi mano, como cuando hable de Francis, y me sonrio.

-Tranquila... Todo estara bien... -me dijo. Escuchamos como alguien se aproximaba y apresuradamente me dio un beso en la mejilla. -Debo irme, Alma, esto es algo que debes hacer sola. Toma, llamame aqui cuando quieras verme. Y por favor, no digas que yo te traje hasta aqui, de hecho, ni me menciones. Prometo explicartelo luego.

Me tendio un trozo de papel con un numero celular y se fue directo al auto. Entre en panico, ¿no me ayudaria?

-¡Espera! -le dije.

-¿Confias en mi? -me pregunto, aun sonriente. Asenti. -Entonces ve tranquila que todo ira de maravillas.

En el mismo momento en el que el partia con su coche, la puerta de la casa se abria. Un hombre alto, fornido, de unos cuarenta y tantos años, con cabello castaño y ojos ligeramente claros estaba frente a mi. Era atractivo, aun cuando su rostro y su mirada estaban teñidos por el dolor. Al igual que Ayla, al verme, su expresion mostro sorpresa, una increible e inimaginable sorpresa. Debio aferrarse al marco de la puerta para no caerse, sus piernas dejaron de responderle. Tuve miedo que se desmayara alli mismo, asi que intente sostenerlo. Pense que seria muy pesado para mi, pero no me costo tanto como crei. 

-Eres... eres... ¿real? ¿Estoy dormido aun? -pronuncio, clavando sus ojos en mi. -Niña, habla para saber si estoy teniendo otro de esos sueños, por favor...

Lagrimas tibias comenzaron a rodar por sus mejillas, era una imagen que le partia el alma a cualquiera. No se porque, pero senti la necesidad de abrazarlo fuertemente, de darle cariño y rogar porque nunca mas exista nada que lograra hacerlo sufrir. El no debia llorar, no. Aunque no tenia ni la mas minima idea de quien era, no podia permitir que su dolor continuara.

-¡Oh, hija! ¡Por Dios! ¿Eres tu, verdad? ¡Eres real! ¡Al fin! -me devolvio el abrazo con mas lagrimas, pero estas eran de alegria. Me alzo por los aires y me entro a la casa dando saltos y vueltas. Estaba mas que feliz, no paraba de reir. Su sonrisa era muy bonita, recordaba a un dia soleado en la playa.

Asi que este era "mi padre".

-¿Donde has estado todo este tiempo, India? ¡Nunca he dejado de buscarte! ¡Yo sabia que estabas viva! -me dijo, exaltado.

No supe que decirle. El esperaba una hija y yo tan solo era una extraña. No lo recordaba, no sabia nada de el. No me sentia capaz de romperle el corazon de esa manera. Pero tampoco podia mentirle.

-Espera... mejor sentémonos. -comence.

El me hizo caso y asi le conte toda mi historia, al menos la que yo sabia. Fue el unico que parecio entender mi situacion, hasta ahora, porque no se veia para nada sorprendido. 

-Ahora lo entiendo... -dijo. -Ahora se porque me habia costado tanto encontrarte... No solo no recuerdas nada, si no que estoy seguro, apostaria mi vida, a que han intentado borrar cualquier dato que pudiera dar con tu paradero... 

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!