Corrimos entre el espesor del bosque, buscando la salida. No tenía idea de que hacer, los chicos habían dejado el auto en el lado contrario y no conocía esta zona como para orientarme. Dudaba mucho que mis hermanas pudieran transportarnos a todos y no iba a dejar a nadie a solas con Winter.

Continuamos el trote hasta que llegamos al lecho de un angosto rio. Paramos un momento para que los chicos recuperaran el aliento, no tenían la misma resistencia que nosotras.

-¿Qué demonios fue eso? –grito Alex, todavía conmocionado. -¡Era una masacre! ¡Todos contra todos!

-Ni siquiera se distinguía quienes estaban con nosotros y quiénes no. –se sumó Bastian.

-Ninguno estaba “con nosotros” –le contradijo Sean. –En el momento en el que comenzó la pelea, era algo personal. Eran Xian y Armand peleando con sus seguidores. No creas que algún oscuro iba a defendernos a nosotros si nos atacaban.

-Fue catastrófico… Aun no lo creo. –dijo Hawa para sí misma. -¿Cómo es posible…? ¡Xian iba a atacarnos!

-Te lo dije, te dije que no era la misma. –le respondí. Estaba más que claro ahora.

-Siento interrumpir esta charla tan importante. –dijo Winter, con ese tono tan particularmente pedante que tenía. –Pero ¿Alguien me puede explicar por qué demonios son tan imprudentes? ¿Es que no conocen la palabra “discreción”?

-Disculpa, pero no es fácil teniendo a la jefa de los druidas blancos como novia de tu padre. Inténtalo tu si tan inteligente eres. –le replique con hastío. –Dime ¿Por qué nos has ayudado?

-Porque fui yo la de la idea en primer lugar. Tengo el mismo interés que los druidas oscuros en usar ese altar, por ende, debo mantenerlas con vida. Espero que entiendan que por poco que me alegre la idea, ninguno puede volver a su hogar hasta que llegue el solsticio, así que debemos mantenernos unidos.

-Yo no pienso pasar un minuto más con esta loca homicida. –dijo Ayla cruzándose de brazos.

Winter se movió silenciosa hasta su lado y le susurro en la oreja. Su sonrisa era aquella casi diabólica que anticipaba una maldad.

-Pues fíjate cuanto sobrevives sin mí, porque las guardianas y yo debemos ir al mismo lugar…

-Basta. De alguna manera haremos que esto funcione, solo hay que tener en claro el objetivo final. –interrumpió Sean, intentando calmar las aguas. Mis amigos estaban cada vez más incomodos con la presencia de Winter y yo no podía decir lo contrario. Toda esta situación era demasiado incomoda.

-Claro amor, lo que sea que tú quieras. –y allí estaba la razón por la cual me sentía incomoda. Tenía que tolerar las provocaciones de Winter hacia Sean durante cinco malditos días. O demostraba que tenía una tolerancia monumental o alguien moría en el intento.

-No molestes, ya bastante tengo con tolerar tu maldita presencia. –le contestó.

Me senté en la hierba, cansada. Pero no era un cansancio físico, sino más bien mental. Toda la situación que estábamos viviendo era estresante, si bien no esperaba que fuera fácil, no imaginaba que resultara así. Con mis amigos corriendo el peligro que implicaba que viajaran con nosotras a quien sabe dónde, con Winter como chaperona. Nunca se sabía que podía pasar con ella, más aun con lo volátil que se volvía por culpa de los celos.

El lobo se acercó a mí y recostó su cabeza en mis piernas. Lo acaricie casi por inercia y juraría por todos los dioses conocidos que la paz que me inundo fue sobrenatural. Había algo en ese animal que me transmitía pura tranquilidad. Un sentimiento familiar, como de otra vida. Quizás fuera aquella parte de Ney que vivía conmigo que lo recordaba y anhelaba, que lo sentía como en aquel entonces. A él debía ocurrirle lo mismo, pues desde hacía rato que me seguía.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!