-¿Cómo que “el espíritu del bosque”? ¿Qué quieres decir? –pregunte confundida.

-Es el alma de los bosques, es lo que es. Muy pocas personas lo han visto, por eso se creía un mito, pero… -Nichi estaba maravillada, obnubilada con la imagen de ese majestuoso ser. –Se supone que por cada elemento existe un “espíritu”, un ser de luz puro, en contra posición a los demonios. Creí que era mentira… nunca lo había visto, es hermoso…

-¿Pero que está haciendo aquí?

-No lo sé…

El lobo se acercó a aquella criatura y caminaron juntos hacia el frente. Parecían compañeros, amigos de toda la vida que se encontraban luego de un largo tiempo separados. Estábamos todos anonadados por la perfección de aquel ser que se movía majestuosamente.

Continuamos unas horas más, murmurando de tanto en tanto la incógnita que representaba el espíritu del bosque, ¿Por qué había aparecido ante nosotros en aquel momento? ¿Qué tenía que ver con el lobo? ¿Cuál era el propósito? Nadie tenía la respuesta, lo que hacía todo aún más inquietante.

Al cabo de un trecho largo de caminata, nos encontramos de frente a un muro de madroños que tenían una altura aproximada de cuatro metros, sumamente espeso. Era extraño pues no era un arbusto que uno pudiera ver en un bosque así, tan tupido de árboles altísimos de tronco fino. No podíamos continuar por allí y tampoco veía por donde rodearlo pues el muro se extendía a lo largo del camino.

-Bien, estamos atrapados. –bufo Winter. –Te dije que ese perro no tenía idea de hacia dónde vamos.

-¡Shh! ¡Calla! Miren… -exclamo Sean.

El espíritu del bosque se paró en dos patas frente al muro de madroños, impulsando su cuerpo hacia él. Comenzó a aullar suavemente, un sonido cargado de melancolía y belleza, algo espectacularmente hermoso para oír, como el canto de una ballena. Los pequeños tallos que salían de su cuerpo empezaron a crecer hasta unirse con las hojas de los arbustos, fundiendo su cuerpo con la flora, hasta desaparecer. Nos mantuvimos inmóviles, conteniendo el aliento, expectantes, esperando ver lo que sucedería.

Luego de unos minutos donde creí que ya nada ocurriría, los madroños comenzaron a moverse, retrayéndose hacia sí mismos con sonoros crujidos, dejando ver a su paso un claro no muy extenso, donde caía la luz del sol como si hubiera un reflector justo en el centro. Había flores de todos los colores y tamaños, mariposas delicadas sobrevolaban el lugar, dándole un toque mágico. En el centro, exactamente en el medio del claro había cuatro rocas con la misma forma irregular, en posición de los puntos cardinales, en forma de cruz. Eran completamente blancas, incluso parecían brillar levemente. Entre en el lugar aspirando fuertemente el aire, era limpio, libre de cualquier polución. El sol me acariciaba la piel con dulzura, habían pasado días de la última vez que lo sentí en todo su esplendor. Los chicos ingresaron admirando cada centímetro del hermoso claro, Ayla se detuvo a oler todas las flores que podía, Nichi se acercó al espíritu del bosque que había reaparecido luego de abrirnos las “puertas” a tan maravilloso lugar. Bastian intento acercarse a las rocas blancas, pero mi lobo se interpuso, imponiéndole distancia.

Camine lentamente, sintiendo una fuerte emoción en el pecho. Estábamos aquí,  finalmente… Después de todo habíamos encontrado el altar, había logrado… Inevitablemente las lágrimas brotaron imparables, sacudiéndome desde mi mismo centro. Me quede de rodillas sobre la hierba, acariciando el forraje del claro.

-Ya estoy aquí… Noah, ya estoy aquí… -pronuncie al cielo. La congoja que tenía dentro estaba fundida con la increíble alegría de la oportunidad que ahora se hacía concreta. Al fin cumpliría con mi promesa y regresaría junto a él.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!