La medianoche cayó, de la misma manera que lo hicieron mis fuerzas. Ya el cuerpo no quería más, estaba demasiado cansada. Ni siquiera podía apreciar el claro cómo se veía en esos momentos, lleno de luciérnagas volando tranquilamente por doquier, con la luz de la luna bañando cada centímetro cuadrado. Para mí, ya no existía belleza en el mundo, me faltaban dos grandes razones para la felicidad, y lo peor, las tres personas que habían perecido, lo habían hecho por mi culpa. Creo que gracias al dolor que estaba sintiendo, el veneno logro fundirse con mi traje, tiñéndolo con trazos negros, una mezcla que daba la sensación de oscuridad y luz enfrentándose.

Cuando la luna se encontró justo sobre el claro, mi lobo se envaro. Volvió a su posición entre las rocas blancas, donde comenzó a aullar suavemente, ante la mirada expectante de todos los presentes. El espíritu del bosque se unió a él con ese sonido tan particular y hermoso, dando vueltas alrededor de él, generando su propia luz, desprendiéndose lentamente, convirtiéndose en parte del entorno. El lobo empezó a cambiar, empapándose en el brillo que lo rodeaba, aumentando su tamaño hasta alcanzar el de un hombre adulto. La visión era magnánima, perfecta, llena de una magia digna de cuento de hadas. Una vez que el espíritu del bosque termino de unirse con la noche, el guardián del altar se encontraba personificado ante nosotros.

Me acerque como pude hasta el, contemplándolo. Ya lo conocía, claro, era aquel que Ney me había mostrado tiempo atrás, cuando quiso que conociera la inmortalidad. Solo que ahora parecía más joven, su pelo era negro intenso, sus ojos de un color como el chocolate que recordaba precisamente a este momento: invierno. Era alto y fornido, eso no se había perdido. Creí que estaría desnudo, como cuando yo misma vuelvo a la normalidad, pero no. Iba cubierto por una túnica blanca, tan blanca como el pelaje de lobo.

Nos quedamos pasmados ante semejante sorpresa, creo que nadie esperaba ver un espectáculo así.

-Mi nombre es Elder, druida blanco, guardián del altar del tiempo. –se presentó con voz potente y segura. –Ha llegado el momento en el que mi labor llegara a mi fin.

Clavo sus ojos en mi con expresión de dulzura y con un gesto me indico que me acercara.

-Eres igual a ella… -dijo en un susurro apenas audible. –Lo que debo hacer va en contra de mis deseos, pero toda esta eternidad que me ha tocado vivir me ha enseñado que el equilibrio siempre debe ser respetado. Lamento mucho tu sufrimiento, pues, he intentado por todos los medios que tu alma no conozca ese sentimiento… Pero el destino es lo que es, y tarde o temprano, llega a cumplir con su trabajo.

-¿Es consciente de que ella no es Ney? –pregunto Winter simulando hablar bajo.

-Tengo entendido que desean usar el altar para salvar a un niño llamado Noah. –continuo el druida. –Mi labor es asegurarme que nadie, absolutamente nadie que no sea digno, utilice este sagrado artefacto. Por eso, han de superar la única prueba ineludible que existe para pasar a través del portal.

Extendió una mano en alto y un fuerte ¡crack! sonó proveniente del roble. Un báculo como el que llevaba Xian, quien presenciaba todo atónita, salió volando hasta llegar al guardián.

-India Queen, guardiana de fuego, serás tú, reencarnación de Ney, la que deba pasar la prueba. –me dijo. –Acércate, por favor.

Hice lo que me pidió, y con lentitud, ingrese al centro de la cruz formada por las rocas blancas. Tomo mi mano con suavidad y la acaricio, para luego pronunciar con voz fuerte y clara.

-He de devolver el balance una vez roto, he de enmendar mi error siglos y siglos atrás cometido. Le devuelvo al universo lo tomado para una ventaja egoísta, resarciendo así, mi pena. –y con el báculo, culmino golpeándome fuertemente en la cabeza.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!