Allí estaba. Todo lo que había olvidado, todo lo que había ocurrido, mi vida entera se encontraba ahora disponible para mí. El dolor golpeo con fuerza mi cuerpo, estalló en mí como una bomba que venía peligrosamente acercando su reloj al conteo final. Comencé a hiperventilar, el oxígeno simplemente no llegaba a mis pulmones con la velocidad necesaria. Vi como si estuviera ocurriendo en ese momento todo lo que había sucedido el día de mi cumpleaños. Todo.

Entendí finalmente que mi amnesia no tenía nada que ver con el hecho de renacer. No tenía que ver con dormir mis poderes ni nada por el estilo. Había sido yo, había sido mi mente que había decidido olvidar, guardar en el tiempo lo que había sucedido, porque el dolor era tan grande, tan basto y absoluto que era imposible de manejar. De lidiar. Era tan estridente, tan potente que cortaba el aire haciéndolo pesado e indigerible. Las lágrimas brotaban como si las hubiera contenido durante miles de años y ahora tuviesen vía libre. 

Y todo por culpa de él. De aquel a quien había amado, a quien me había entregado en más de una ocasión. En quien había confiado, en quien había puesto toda mi fe. Y él sólo me había traicionado.

Sean me miraba sorprendido y asustado, aún no sabía que había recuperado la memoria. Me incorpore de un salto queriendo destruir todo lo que había a mi alrededor. Como si eso pudiera traer un poco de alivio. Como si eso me devolviera un ápice de esperanza. Lo que él me había robado aquel día. 

Sin pensarlo ya estaba convertida. Ahora que sabía nuevamente de dónde provenía todo, podía saborearlo de otra manera. Podía doblegarlo a mi manera de sentir, de pensar. Podía hacer del fuego mi alma, mi mente. Mi piel. Ahora éramos uno, ahora sabía que debía hacer exactamente. 

-I... India... –pronunció mi nombre temiendo lo peor. Lo que ya sucedía. Sólo quería verlo arder, quería que sufriera como lo estaba haciendo yo por sus mentiras, como lo había hecho mi hermano, mi pequeño ángel. Estaba hambrienta de venganza, de odio y de desesperación.

Cerré las manos en puños, cerré mis ojos también. Su imagen tan solo me revolvía el estómago. Respire profundo durante algunos segundos, para encontrar mi eje. Para saberme en mí centro. Estar segura de lo que estaba a punto de hacer.

Abrí los ojos y con la firmeza que me daba la vida misma, arremetí contra él.

Lo que sucedió al segundo siguiente fue confuso.

Me encontré tirada en el piso de abajo, tumbada, mientras alguien presionaba su cuerpo fuertemente contra el mío.

-¡Sácalo de aquí, Nichi! ¡SÁCALO YA! -Su voz era inconfundible, y ahora que recordaba todo, me sentí una idiota al no pensar que mis planes se podrían estropear gracias a ellas. Tan moralistas siempre, no me permitirían llevar a cabo mi venganza. No al menos mientras yo fuera tan consciente de lo que quería hacer, con tanto ímpetu y desenfreno, aquello que haría que mis pensamientos se filtraran en sus cabezas.

-¡HAWA SUELTAME! -grité, sacando fuerza de donde no la había, empujándola contra la pared del otro extremo del cuarto. -¡ES MI PROBLEMA! ¡ÉL ES UN TRAIDOR, HIZO QUE MATARAN A MI HERMANO! 

Sentí como el aire cambiaba levemente, y entonces supe, ya se lo habían llevado. Me habían arrebatado mi momento.

-¡India cálmate! ¿Es que acaso quieres convertirte en una asesina? ¿Eso es lo que realmente quieres? ¿Acaso Noah estaría contigo nuevamente si matas a Sean?

-¡NO TE ATREVAS A DECIRME LO QUE NOAH QUERIA O NO QUERIA! -le grité con odio, lanzándole una bola de fuego que esquivo con facilidad y dio contra el teléfono derritiéndolo en segundos. -¡EL ERA MI NIÑO, MI HERMANO! ¡NO TENIA QUE PAGAR POR LO QUE SOY!

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!