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Desperté a las pocas horas, apenas estaba amaneciendo. No quería dormir mucho más por miedo a darle ventaja a los druidas, así que me encamine al lecho del rio y me empape el rostro para despabilarme. Todos dormían menos Winter, al parecer, se encargó de hacer la guardia nocturna. Miraba fijo al cielo, pensativa. Se veía extraña, Winter no parecía capaz de tener pensamientos profundos.

-Pues fíjate, durante un tiempo fui humana. –dijo en voz alta. Me había escuchado en mi mente. Me había encargado de molestarla durante tanto rato que probablemente había dejado un canal abierto entre nosotras. Tendría que cerrarlo o ella sería capaz de usar ciertas cosas en mi contra.

-Difícil de creer. –respondí sin darle mucha importancia.

-¿Nunca te preguntaste como éramos cada una de nosotras antes de ser guardianas?

-Pues… sinceramente no. –y no mentía. Las concebía así, eternas. Era como intentar imaginar a mi padre de pequeño, lejos de las fotos que pudiera ver, era un tanto extraño, ya lo había conocido con músculos y barba. Con ellas pasaba exactamente lo mismo.

-Y claro. A ti que te importa, si solo te interesa lo que sucede en tu pequeño mundo.

-No es así.

-¿Ah no? Dime entonces, ¿si quiera sabes si tuvieron familia? ¿Hermanos de sangre, madre, padre, hijos? ¿Algo?

Winter sonrió al ver mi expresión culposa pues no tenía idea de nada. Nunca les había preguntado exactamente a mis hermanas sobre sus vidas pasadas, me ensimisme tanto en lo que pasaba en mi vida que no me preocupe por la de ellas.

-Es feo notar cuan egoísta se puede ser, ¿verdad? –soltó, observándose con detenimiento los dedos de la mano.

-¿Y por qué sales con esto ahora? –me estaba sermoneando y ella no tenía derecho alguno de hacerlo.

-Pues… quizás solo quiera molestarte, como tú lo hiciste conmigo hace unas horas. Quizás tuve un ataque de bondad y quiera mostrarte algo útil. O no sé, simplemente me muero del aburrimiento y me quiera divertir contigo. Nunca se sabe. –contesto burlonamente. –Piensa que tan solo te quedan monedas, podrías interesarte un poco más en la gente que continuamente está salvándote el pellejo.

-Y tu podrías dejar de actuar. –levanto la vista con sorpresa, sin entender lo que le decía. -¿Crees que no lo note, Win? Por favor, eres demasiado transparente para mí.

-¿De qué hablas? –se puso a la defensiva, la estaba irritando.

-Pues de la verdad. Te mueres de ganas por ser parte de esto. De nosotras. Pero sigues atada a ese propósito idiota, atada a tu pasado y malas acciones. Crees que como lo único que conoces es lo que los druidas oscuros te enseñaron, debes apegarte a ello, porque esa es tu esencia. Pero estas equivocada.

-Sí, claro, porque su club es tan genial. –bufo. –No me hagas reír. Como si nosotras pudiésemos pelear juntas. Vamos.

-Ya lo hicimos, idiota, por si no lo notaste. Conseguimos un enemigo en común y funcionamos como se supone que debemos hacerlo. No es como si te estuviera invitando a ser mi mejor amiga, pero… piénsalo. Dentro de ti, sabes que es lo que realmente quieres. No tienes por qué luchar contra ello.

Su rostro se mantuvo en blanco durante unos segundos, luego sonrió. Camino lentamente hacia mí y me abrazo, dejándome atontada. No me lo esperaba. Pero claro, Winter jamás tendría un gesto así conmigo por puro amor a una hermana.

-Piensa que lo que tu disfrutaste ayer, yo lo disfrute durante unos cuantos años… -susurro en mi oído.

La empuje con fuerza y ella respondió con una sonora carcajada. Todo lo que le acababa de decir lo creía realmente, pero tenía tanta oscuridad dentro de sí que quizás jamás vería la realidad. Había mucho rencor y odio en ella, demasiado orgullo que le impediría entender. ¿Cómo es que uno crece para convertirse en eso?

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!