Abri los ojos sin ser consciente del tiempo que habia transcurrido. La cabeza me dolia ligeramente y aun me sentia desorientada. Me observe, deberia tener algunos huesos rotos o al menos, la piel lastimada, cortes o algo por el estilo. Pero nada. Como si no hubiese pasado nada. Entonces mire a mi alrededor y note que no estaba en el auto, ni fuera. Y Sean tampoco estaba alli.

Entre en alerta cuando observe detalladamente el lugar donde me encontraba. Era una choza, de aspecto lúgubre y dejado, con extraños recipientes en toda su extensión. Habia ojos flotando en frascos, restos de huesos -no quise ni pensar a que ser habían pertenecido - distintos tipos de hierbas colgaban del podrido techo, cabezas de animales disecadas se esparcían en desiguales estanterías. Si habia un lugar perfecto para una pelicula de terror, era ese. No tenia ni siquiera una ventana y estaba completamente a oscuras, a excepción de unas velas. Me incorpore y note que algo me chorreaba en la espalda. Una suerte de mezcla. El olor se me hizo conocido, si no me equivocaba, era lo mismo que la hermana de Sean me había tirado encima para evitar que me transformara. Genial.

Sintiendo la pesadez del fuego contenido, me dirigí a la puerta y sali. No sabia con que me encontraría, pero esto era aun mucho mas raro de lo que podía imaginarme. Me encontraba en una especie de aldea, rodeada de bosque, con chozas mas o menos iguales. Habia un camino construido en toda la extensión del lugar, cercado por antorchas, como las que colocas en el jardin. Me escondi tras una de las chozas y preste atención. Algunos encapuchados estaban deambulando por alli, con las capas largas hasta el suelo, arrastrándolas como si fueran alguna especie de zombies o sonámbulos. Se movian de tal manera que no parecian ser conscientes de ello. No sabia que cosa eran, pero eran exactamente iguales a la figura que provoco nuestro choque.

Lo que me hizo recordar. Sean. ¿Donde se encontraba? Si yo habia sanado rapido o no tenia ningun rasguño, era debido a mi condición. Pero el era un simple mortal, debia encontrarse severamente mal. Tenia que encontrarlo y llevarmelo, antes de que fuese demasiado tarde.

"No se lo merece... Dejarlo aqui seria la venganza perfecta. ¿Por que habria de salvarlo si el provoco la muerte  de mi hermano?"

Sentia esa voz en mi cabeza como si fuese mia, pero una sensación de molestia, de incomodidad me hacia creer que no. Que era algo mas... O alguien mas. 

"Pues porque no soy un monstruo, y a pesar de lo mucho que le odio, no puedo abandonar a una persona en esta situación. Soy una guardiana y mi destino es proteger y mantener el equilibrio. No emprender una vendetta. Habra tiempo para que pague, pero no lo dejare morir. Es simplemente demasiado facil."

Sabia que probablemente estaba hablando conmigo misma, pero era importante remarcar eso. Por mucho que lo odiara, no podia dejarlo morir. Despues de tremendo choque, debia encontrarse al borde de la muerte, y lo necesitaba para encontrar a los druidas oscuros. Debia convencerme, lo sabia, pues una parte de mi pensaba en la idea y le gustaba.

Me escabullí entre las sombras, no sabia a donde ir, pero me imaginaba que alguien debia saber donde estaba. Intente acercarme donde estaban las figuras, esperando escuchar algo. Mientras me ocultaba, me quite la sudadera que llevaba y me limpie esa mezcla que llevaba encima, deseando que eso bastara para permitirme la conversión si llegara a necesitarla.

Cerca de donde me encontraba, se escuchaban voces. Había mujeres y hombres, tan solo escuche hablar claramente a tres de ellos. Me agazape un poco para estar mejor cubierta por las sombras y escuche.

-Ya te dije, estaba casi muerto cuando lo saque del auto y le di la poción. Deberia despertar en poco tiempo. -decia una mujer.

-No entiendo porque lo encontraste asi. La orden siempre fue encontrarlo sano y salvo para someterlo a juicio. Asi no nos sirve de nada, no puede decirnos nada, Sebastiana. Necesitamos saber... -le reprochaba un hombre, con tono autoritario y severo.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!