Iba y venia, limpiando la cocina, aseando el living... No tenia mucho que hacer durante el dia, mi casa era modesta por lo que en menos de lo que canta un gallo, tenia todo listo. Me sentia realmente inquieta, Winter me habia planteado algo que ni yo misma habia pensado.

Un hijo.

No es como si no amara a Francis. Si, era un buen marido, era dulce y cariñoso, quizas un poco obsesivo, pero se compensaba con otras cosas bonitas que hacia conmigo. Me amaba y eso era innegable. El unico problema era que por el momento, era lo unico que conocia. No recuerdaba nada de mi vida, ni siquiera las cosas que el me fue comentando. Entonces ¿como podria tener un hijo con el sin haber experimentado todo lo que queria? Francis me cuidaba como si fuera una muñeca de cristal, como si la mas minima brisa pudiera romperme. Ni siquiera me dejaba salir del pueblo, porque segun el, le tengo miedo a los viajes largos por el accidente de mis padres. La realidad es que no siento miedo alguno, de hecho, tengo una imperiosa necesidad por conocer mas lugares, abrirme a cosas nuevas y excitantes. Pero mi marido continua insistiendo con que siempre empiezo asi y cuando me subo a un tren o un bus, tengo ataques de panico. Entendia su preocupacion, pero a veces creía que se excedía un poco.

Comence a sentirme claustrofobica debido a la ansiedad que me provocaban mis pensamientos. Incapaz de soportarlo, decidi vestirme y salir a dar unas vueltas.

Siempre hacía el mismo recorrido. Salia de mi casa y caminaba por aquellas calles sin pavimentar, que unian todo el pequeño pueblo, en las afueras de la ciudad. Tenia que admitir que tanta tranquilidad simplemente me estresaba. Todo se repetia y no habia nada nuevo que ver, la gente hablaba de las mismas cosas una y otra y otra vez. Me aburria en sobremanera, solo podia sobrellevar tanto letargo con estas caminatas que surgian por impulso. Era los mas "arriesgado" que habia hecho hasta ahora. 

Habia intentado convencer a Francis para mudarnos a la ciudad, lo habiamos hablado en muchas ocaciones, pero todo terminaba de la misma manera. El y yo peleando. Mi marido no queria escuchar razones, decia que era un lugar peligroso para mi, que el debia cuidarme y no podia permitir que algo me pasara. Y yo, en respuesta, me cansaba de pedirle que dejara de pensar en mi como algo que pudiera romperse. ¡Soy una persona normal! No es como si me mostrara inestable los siete dias de la semana.  No le veia el problema, pero el simplemente se negaba con terquedad. Y cada dia, eso me frustraba aun mas.

Me quede en la plaza que se encontraba frente al municipio. Era bastante pequeña, pero a esa hora estaba desolada, los niños se encontraban en las escuelas, asi que era el lugar perfecto para pasar el rato sin que nadie molestara. Me sente inocentemente sobre uno de los columpios y me quede alli, inerte al viento intranquilo que soplaba, con la vista fija en el suelo de arena que se extendia bajo mis pies.

¡Dios, este aburrimiento era mortal!

Distraida, mire hacia las puertas del municipio. Un auto que nunca habia visto por aqui, estaciono vagamente en la acera, y una muchacha de mi edad, menuda y muy femenina, bajaba del mismo. Su hermoso cabello castaño caia en cascada hasta su cintura, dandole un aspecto bastante contradictorio. De a momentos parecia solo una niña, de a otros, una mujer joven realmente atractiva.

Ella parecio percatarse de mi mirada, observo nerviosa a su alrededor, hasta que me encontro. Le sonrei levemente, intentando ser amable, para que no pensara que era una especie de loca. Pero su reaccion me tomo por sorpresa. Sus ojos se crisparon en dolor e incredulidad, los papeles que llevaba entre los brazos se esparcieron por el suelo y tuvo que apollar una mano sobre el techo del auto para no caerse. Quise ir a ver que le sucedia, pero en el momento en el que me disponia a cruzar la calle, Winter aparecio de la nada, tomandome del brazo con increible fuerza y llevandome hacia el lado opuesto.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!