No tuve tiempo de buscar en mi memoria porque conocía el nombre de Apolo. Nichi apareció por las escaleras con un rostro incognito. Se mantuvo alerta ante mí, ignorando mi presencia.

-Em… ¿hola? –le dije a modo de pregunta, cerciorándome si me notaba o no.

-Shh…

-¿Qué sucede?

-La flora esta… inquieta. –respondió aun sin mirarme. Era extraño pues Nichi no solía ponerse en ese plan. Era más impulsiva que cautelosa.

-¿Qué quieres decir?

-¿Puedes hablar bajo? Xian está aquí. No quiero que nos escuche. –me reprendió, dirigiéndome una mirada acusadora. –Los arboles están agitados. Algo sucede y no es muy bueno que digamos.

-Vámonos, hablemos en otro sitio.

-Si pero antes ve y despídete de tu padre. No querrás preocuparlo de más.

Algo iba raro en ella, lo notaba. Si bien no compartimos demasiado tiempo juntas, creía conocerla un poco. Al menos me podía guiar con ciertas imágenes que se le escaparon en momentos de debilidad. Nichi de tanto en tanto pensaba en un hombre y el sentimiento que acompañaba a su imagen era frustración y nostalgia. Nunca reuní el valor para preguntarle quien era pues parecía querer guardar el secreto bajo siete llaves.

Baje las escaleras como si nada, y me dirigí a la cocina donde supuse se encontraba mi padre con Xian.

-Papa voy a salir, luego te llamo, ¿está bien? –dije apresurada.

-¿A dónde vas? No me gustan tus salidas misteriosas India, me ponen nervioso.

-Tengo que verme con los chicos, no es nada del otro mundo. Luego te aviso a qué hora regreso.

Lo salude y luego me fui. Me dirigí a la puerta para darle realismo a la situación, esperaba que Nichi captara la idea. Cuando estaba a punto de cerrar, Xian se acercó a mí, silenciosa como ella sola.

-India ¿está todo bien? –pregunto suspicaz.

-Claro Xian. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque hay algo raro en el aire… ¿No lo sientes? –me observo más aún. –Mañana debemos reunirnos las cuatro. Hay algo de lo que quiero hablarles. Es sobre los posibles planes de Winter. Creo que el altar si existe.

-Ah… mira… Bueno me cuentas luego ¿ok? Voy tarde. –respondí nerviosa.

-Es importante India. Se lo mucho que ansias eso, pero debemos destruir el altar. No puedo permitir que se hagan con él las personas equivocadas. –su tono era severo, como nunca antes la había visto.

-Entiendo, pero si quizás alguna de nosotras…

-No. Nadie debe usarlo. Bajo ningún concepto. El equilibrio es el equilibrio. Se supone que en orden natural de las cosas, nadie debería ser capaz de volver en el tiempo. Todo sucede por alguna razón.

-¿Me estás diciendo que mi hermano debía morir? –tenía que disimular, pero sinceramente, ese tema era demasiado sensible para mí y no entendía que demonios le ocurría a la novia de mi padre. –Vamos, en serio no puedes creer eso.

-No creo que tu hermano tuviese que morir, pero si así fue, así debe quedar. Es romper el orden natural de las cosas traer a la vida a alguien que murió. –Esta no era la Xian que yo conocía. Estaba distinta, parecía fanática. No soportaba sus palabras.

-Te diré lo que no es natural, Xian. Que un niño de tres años muera a manos de un ser sobrenatural para que este pueda alcanzar su máximo poder. No es natural que alguien como yo pueda crear fuego de la nada o tu invoques demonios elementales. No es natural no entender nada de esto. Así que discúlpame si intento mantener las cosas en el orden NO natural que ya tienen.

Cronicas Elementales: El altar del druida (PARTE 2)¡Lee esta historia GRATIS!