A la mínima

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Cuando nos encontramos ya en la ciudad, Lucca respira tranquilo.

—¿Tanto miedo te da estar fuera? —Le pregunto. Él se encoge de hombros.

—Estábamos allí ilegalmente. Para salir de la ciudad es necesario muchos permisos y al no tenerlos, ya puedes imaginarte lo que nos ocurriría si nos cogieran. —Asiento comprendiendo. —Pero tu no. —Apunta. — Es más parecías más cómoda allí fuera, que aquí. —Me dice. Yo asiento.

—Es que estoy más cómoda allí. Llevo yendo desde los ocho años. Prácticamente he crecido allí. La gente de allá es mi familia, mucho más que la verdadera. —Lucca me mira sorprendido.

Entramos en una cafetería haciendo que la campana suene y que los pocos clientes que hay se den la vuelta para ver a los nuevos forasteros.

Caminamos hasta la mesa más alejada posible y nos sentamos. Esperamos hasta que la camarera nos haya dejado los batidos delante y desaparece para empezar a hablar.

Le cuento a Lucca toda la historia sobre Alison, Juli y los demás.

Cuando acabo, Lucca me mira sopesando mis palabras.

—¿Alguien lo sabe? —Pregunta.

—No, eres la primera y única persona que lo ha sabido. —Él asiente.

—No voy a contárselo al sargento Cooper. Tampoco podría demostrarlo. —Me guiña el ojo, dándome a entender que lo de la plataforma metálica ha quedado entre los dos.

—Muchas gracias en serio. Lucca, no sabes cuanto te agradezco todo esto. —Le agradezco de corazón.

—Hay algo que no me ha quedado muy claro. —Comenta.

—Dispara. —Me llevo la pajita del batido a la boca mientras succiono el chocolate.

—Evan. —Cuando dice su nombre me atraganto. —Has dicho poca cosa de él, y he notado tu vacilación.

—Bueno él... —Suspiro.

—... es especial. —Acaba Lucca por mi.

—Deja de hacer eso. —Me quejo.

—¿Hacer que? —Se ríe.

—Terminar mis frases. —Él sonríe con una preciosa sonrisa.

—No cambies de tema. —Suspiro.

—Nos llevabamos bien... Hasta que nos enteramos de que Jonathan... —Escupo su nombre con asco. Lucca me mira sorprendido. —Él... Mató a la madre de Evan. Samantha. —Se me quiebra la voz.

Lucca no me mira con pena. Sino con determinación. Y agradezco que no me ponga esa cara que últimamente veo mucho.

—Y lo peor de todo es que yo la conocí, mucho antes de conocer a Evan. Cuando era pequeña conocí a Samantha. La quería y mucho. Y luego llega un día que me dicen que ha muerto. Y ahora después de seis años, nos enteramos de la peor manera, de que mi... mi... De que Jonathan fue el asesino de aquella bella mujer. —Me limpio las lágrimas que aún no han caído.

—Entiendo tu postura sobre tu padre. Pero deberías de saber que esas son la órdenes que se deben de llevar a cabo. —Abro la boca.

—¿A si? —Pregunto indignada. —¿Y entonces porque tu no me mataste el sábado? —Le espeto. Lucca abre la boca, y cuando no emite ningún sonido la vuelve a cerrar. —Te diré porqué... —Le digo.—... Porqué no fuiste capaz, no fuiste capaz de arrebatarle una vida a alguien que no te hizo nada. Entonces, Jonathan ¿Si era capaz? Porqué mató a gente. Delante de tres niños. Mató los padres delante de sus hijos. Solo tenían doce años. —Digo. Lucca asiente comprendiéndolo.

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