Marinelli

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Cuando ya son las siete de la mañana y no he hecho nada más que estar allí durante las horas pasadas, me levanto y camino de vuelta.

He estado pensando en como mi vida ha dado un giro, tan rápido. Sin darme tiempo a procesarlo o asimilarlo.

Cuando ya estoy llegando a la plataforma, me paro de golpe.

A unos dos metros hay un chico.

Él levanta la mirada y me atraviesa con sus ojos. Un azul claro.

Tiene el pelo negro y no parece tener más de dieciocho años.

Es muy atractivo.

Pero nada de eso me impresiona. Lo que hace que me quede petrificada en mi sitio es ver la ropa con la que va.

Un uniforme militar.

Y lleva una metralleta colgada en el hombro.

Es un soldado.

Él me apunta con la metralleta y se acerca a mi, a paso rápido.

-¿Que haces tan cerca de la frontera? -Dice con una voz extremadamente sensual.

Cuando lo tengo cerca veo la placa plateada.

Marinelli.

Un apellido interesante para un chico interesante.

-Eh... Yo... Me he perdido. -Digo sabiendo que esa es la peor excusa.

Él ahora cree que soy de este lado. Así que tiene órdenes explícitas de que si alguien se acerca a la frontera, muere. Y ahora mismo, estoy bastante cerca de la frontera.

-Vete de aquí. Es peligroso. -Dicho eso baja la arma. Me quedo estancada en mi sitio.

¿No va hacer nada?

Soy tan idiota que en vez de irme antes de que cambie de opinión, me dedico a decirle:

-Nunca te había visto antes. -Es la verdad, nunca le había visto antes, tanto aquí, como el otro lado. Él me mira sorprendido unos segundos, antes de recuperarse.

-Soy nuevo, acabo de llegar desde Chersmille, y acabo de empezar a trabajar en el ejército. -Me da una explicación que me sorprende. Ya que no pensaba que fuera a responderme. -Pero en serio. Deberías de irte de aquí. -Me vuelve a advertir. Asiento.

Me doy la vuelta y me pongo a caminar, muy consciente de que si ahora quiere puede dispararme a traición.

Pero soy capaz de llegar hasta el bosque, a salvo.

No me muevo más allá. Ya que tengo que volver a casa y la única manera viable, es por la zona donde esta el chico.

Me alegro de que al menos la plataforma metálica esté bien camuflada y que si no le pones especial atención, no logras encontrarla.

Me quedo escondida hasta que veo que el soldado, extremadamente sensual, se va.

Me levanto de mi escondite y corro hacia la plataforma, la deslizo y me meto dentro.

****

Camino por los pasillos del instituto.

Hoy me he despertado igual de descansada que los últimos dos días, desde que tomo las pastillas que mi madre me recetó.

Shelly, a mi lado me habla de algún fenómeno nuevo en el instituto, que no le hago caso.

Aunque últimamente estoy más receptiva, no soy la misma de antes.

Con quienes hablo más que con nadie, son Christian y Seth.

Después del incidente del sábado, no he vuelto al otro lado.

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