23. Viaje

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CAPÍTULO 23.

Seguía en shock por la confesión de Max, literal hace un par de horas creía que él tenía un pensamiento parecido al mío, por lo que podríamos salir libremente sin ningún tipo de complicaciones amorosas.

Pero esta noche eso cambio por completo, ya no sería más así.

Estúpidos sentimientos, arruinan todo.

-Creo que hay que irnos Max -lo miro con algo de tristeza-

-Sí, te llevo a casa -comenzó a caminar delante de mí-

-Espera -le digo cuando llego a su lado- ¿Conducirás ebrio?

-Tranquila, con todo esto ya se me pasó -dijo con una sonrisa falsa-

-Enserio lo lamento, nunca me imaginé que podrías a llegar a sentir algo por mi de ese modo -lo miro a los ojos-

-De verdad no hay problema, es solo que creí -me mira unos segundos y niega con la cabeza- Olvídalo Amanda.

-No, dime -tomo sus manos-

Suspira -Pensé que podríamos funcionar, creo que juntos somos una bomba increíble, podríamos arrasar con todo.

Sonrío imaginándolo -Si, es verdad. Pero también lo somos tal como estamos. ¿No crees?

-Por supuesto.

Me da una sonrisa corta y lo beso en la mejilla.

-Vamos -lo tomo de la mano y nos dirigimos fuera del local.

A pesar de que aclaramos el tema, la tensión en el auto era enorme, tanto que ni la música podía calmarla. Yo solo intentaba tener mi vista hacia la ventana y Max fija en el camino, ninguna palabra salió de nuestras bocas desde que dejamos la fiesta.

Luego de unos interminables minutos por fin se estaciono fuera de mi casa.

-Gracias por traerme -digo volteándome hacia él-

-Cuando quieras.

Abrí la puerta para bajarme, pero Max me interrumpió.

-Pensé que ignoraríamos lo que paso y seguiríamos como antes -dice frunciendo el ceño-

-Pues sí, así es -digo obvia-

-¿Y mi beso? -estira sus labios-

Rio y me acerco hacía él para besarlo, definitivamente esto no se siente como antes.

-Adiós Max -digo cuando me separo de él y bajo del auto-

Caminé hasta la puerta de mi casa cuando vi a alguien sentado en las escaleras.

¿Qué mierda?

Me acerqué un poco más y pude notar que era Evan.

Mierda, ojalá no haya visto nada.

-¿Qué haces aquí? -pregunto extrañada por su presencia- Son las 2 de la mañana.

Pensé que no quería verme más.

-¿Quién era él? -su tono de voz es serio-

Mierda, si lo vio.

¿Pero a él que le importa?

-Un amigo, solo eso -digo cruzándome de brazos-

-Si como no -dice sarcástico mientras se levanta- Debería de avisarle que no se ilusione contigo, porque probablemente lo alejes de la misma manera que lo hiciste conmigo.

Aprendiendo a amarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora