32. Te quiero

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CAPÍTULO 32.

EVAN.

Después de haber ganado el partido me sentía muy feliz, los chicos del equipo irían a un bar a celebrar y poder emborracharse, pero yo lo único que deseaba era estar con Amanda y poder celebrar con ella. Así que después de quedar de acuerdo con ella fui hasta el auto y me puse en camino para recogerla.

Después de unos 20 minutos de trayecto logré llegar, normalmente a los eventos que ella participaba quedaban en la ciudad así que desde nuestro pueblo eran algunos minutos. Bajé del auto para buscarla en la calle que ella me esperaría, pero no había rastro de nadie.

Qué extraño.

El viento golpeaba con fuerza y pareciera que pronto se pondría a llover. A lo mejor Amanda entro al hotel por el frío que hacía, se hubiera congelado esperándome todo ese tiempo. Me encaminé hasta el gran edificio y cuando entré solo había algunas personas del personal de aseo y lo que yo supongo que eran los encargados del desfile, pero aún no la veía a ella.

¿Dónde estaba?

Comencé a preocuparme y tomé mi celular para llamarla, lo intenté unas tres veces y me mandaba directamente al buzón de voz. Le mandé un par de mensajes, pero estos no le llegaban.

¿Qué mierda estaba pasando?

Un hombre alto y de traje se me acercó con el ceño fruncido.

-¿Buscas a alguien? El desfile ya acabó.

-Sí, estoy buscando a Amanda Ricci, es una de las modelos. ¿No la ha visto por aquí? -pregunté mirando hacia todos lados-

-Oh, Amanda. Ella se fue hace ya un rato. Estuvo increíble, realmente sabe hacer su trabajo.

-¿Qué? -se me entrecortó la voz- Quedamos en juntarnos afuera para poder llevarla a casa, pero no está por ningún lado y no me contesta las llamadas -la preocupación se hacía presente cada vez más-

El hombre me miro y entrecerró los ojos con duda -Quizás ya se fue con otra persona. ¿Eres su novio?

La pregunta me pilló desprevenido, estaba totalmente desconcentrado y solo quería saber dónde se encontraba.

-Sí...o sea... algo así. Ella no se hubiera ido, quedamos de acuerdo.

Lo miré por última vez y salí del lugar decidido a encontrarla, estaba seguro de que ella no se había ido, me hubiera avisado... ¿Cierto?

Me puse a caminar por la oscura y solitaria avenida, estaba por doblar cuando algo en el suelo me llamó la atención, me acerqué y era un celular... su celular.

¡Mierda!

Me tomé la cabeza con desesperación y sentí unas horribles ganas de llorar, todo esto era mi culpa, si tan solo hubiera venido con ella, si tan solo hubiera llegado antes.

Comencé a ver por todos lados si había señales de donde podría estar, pero nada, solo calles vacías. Sentí unos pasos detrás de mí y volteé rápidamente para ver quien era y me encontré al mismo hombre del edificio, este se acercó a mí.

-Su celular estaba tirado aquí -se lo mostré con la mano temblando- Necesito encontrarla.

Él se pasó la mano por el rostro con preocupación y me tomó del hombro -Llamaremos a la policía.

(...)

Minutos después habían llegado dos coches de policía, nos interrogaron a ambos, pero no sabíamos mucho más, afuera había comenzado a llover con fuerza y los agentes se encargaron de avisarle a los padres de Amanda lo que estaba sucediendo, ellos vinieron de inmediato.

Aprendiendo a amarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora