18. Después de la tormenta

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CAPÍTULO 18.

Evan al principio no reaccionó, pero después de unos segundos sus labios comenzaron a moverse intensificando el beso, se sentía tan bien, necesitaba sentirlo más cerca de mí. Él me tomó por la cintura y me senté a horcajadas sobre su tronco mientras mis manos estaban en sus mejillas acariciándolas, el beso era tierno y al mismo tiempo ardiente.

¿Tierno?

Comencé a moverme lentamente sobre Evan, él se detuvo un segundo pero luego me siguió besando, estoy segura de que eso no se lo esperaba.

-¿Quieres que pare? - pregunté entre besos agitada -
-No - dijo Evan y me tomó por el cuello para que no pudiera separarme -

Podía notar la erección de él debajo de mi, sentía como mi estomago se encontraba en una lucha ahora mismo, el calor de mis mejillas ardía con fuerza y sentía mi corazón tan alterado que ya veía que en cualquier momento se me salía del pecho.

Dios, Evan, ¿Por qué me tienes que hacer sentir así?

-Debo irme -dije separándome de él bruscamente-

-¿Qué? -preguntó Evan confuso-

-Nuevamente gracias por todo lo de hoy, no te molestaré más -dije mientras me levantaba de la cama-

-No entiendo a que viene esto Amanda, si es por lo de recién, no me molestó -se levantó junto a mi-

-No es eso Evan, solo debo irme -dije molesta-

-Pero en la tarde te llevaría donde tus padres -hizo una mueca-

-Y lo agradezco, pero puedo sola.

Salí de su habitación para tomar mis cosas y bajar hasta la puerta.

-Tú me besaste Amanda, esto no tiene sentido -dijo caminando detrás de mí-

-No, no tiene sentido -dije observándolo por última vez  y luego salí por la puerta-

El frío de la mañana chocó con mi rostro, el viento silbaba con fuerza haciendo erizar los pelos de mis brazos, ya que solo traía una camiseta que Evan me había prestado y su short de franela.

Quizás estaba siendo muy dura con él, no se merecía eso después de todo lo que hizo por mí, pero no podía soportar el hecho de que me hiciera sentir débil y tener sentimientos extraños invadiendo mi cuerpo cada vez que estaba cerca suyo. Lo mejor era alejarme de él.

Con las manos cruzadas sobre mi pecho "abrazándome" me fui caminando a casa, cuando llegué se sentía tan solitaria sin mis padres y una nostalgia me irrumpió. Fui hasta la habitación de ellos y todo estaba intacto, como siempre. Me recosté en su cama, se sentía tan cómoda, pero estaba helada, de todas formas, me quedé ahí por el resto de la mañana mientras dormía un poco, debía recuperar algo de energía.

Al despertar noté se encontraba lloviendo afuera, las gotas de agua caían con fuerza por la ventana y todo a mi alrededor parecía tan triste, incluyendo todo lo que me estaba pasando ahora. Me removí por la cama y el olor del perfume de Evan que provenía de su camiseta invadió mis fosas nasales, era tan adictivo que la acerqué más a mí. Su sonrisa apareció en mi cabeza, al igual que su dulce manera de hablar y sus besos que me hacían confundir.

Mierda Amanda, quítatelo de la cabeza, pareces obsesionada.

Agité mi cabeza y decidí levantarme para dejar de pensar en él, salí de la habitación y fui hasta la cocina, desde anoche que no comía nada y mis tripas ya estaban rugiendo. Me hice unas tostadas con huevo y tocino y fui hasta el sofá para comer mientras veía algo de televisión, así la casa no se encontraba con tanto silencio. Estaba acostumbrada a estar sola y a veces lo disfrutaba, el trabajo de mis padres les consumía demasiado tiempo, pero de todas formas cuando estaban libres aprovechábamos de pasar tiempo juntos, y esta vez se sentía tan distinto.

Aprendiendo a amarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora