24. Sentimientos

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CAPÍTULO 24.

Debo admitir que su partida me dejo desconcertada, lo extrañaba.

Y mucho.

Cuando decidí contarle la verdad me sentí mucho más liberada y pude notar en su mirada como trasmitía la confianza que necesito, sé que puedo contarle lo que sea. Además el merecía saberlo, no tenía porque seguir intentando descubrir el porque me alejaba o lo evitaba.

Estaba recostada sobre mi cama con la mirada hacia el techo, un rayo de sol iluminaba todo y no pude evitar pensar en él.

¿Por qué el sol me recordaba a Evan?

Quizás por su lindo cabello dorado, que al tocarlo era tan sedoso. O sus luminosos ojos color miel, que con solo mirarte te podían derretir y dejar temblando.

Dios, es tan guapo.

Y fue ahí cuando me di cuenta. Finalmente me di cuenta.

Evan me gusta. Me gusta tanto.

He estado demasiado tiempo intentando convencerme de que no es así, que no es mi tipo de chico o que puedo hacerle daño en cualquier momento. 

Pero no puedo engañarme, y ya estoy cansada de hacerme creer que no me gusta y mantener ocultos mis sentimientos en lo más profundo de mi.

Porque joder, está buenísimo. Y si que me gusta mucho.

Cada vez que estoy con él no puedo evitar sentirme vulnerable, mi corazón late a mil, mi piel se pone de gallina  y mi estomago se siente como si tuviera mariposas dentro de mí.

¿Así es como te hace sentir el amor? 

Y pensándolo bien, no es tan malo.

Con Evan jamás podría sentirme como lo hice con Stefan, él es el chico más bueno que he conocido y nunca sería capaz de lastimarme. 

Sé que se merece a alguien mucho mejor que yo, pero sé que puedo cambiar y ser mejor para él. Con gusto lo haría.  

Solo debo decírselo, debo decirle lo que siento.

Pero ese es el problema.

Entonces el miedo entra, no puedo hacerlo.

EVAN.

Durante el vuelo solo pude pensar en Amanda y todo lo que habíamos hablado, ahora entendía un poco más su forma de actuar y porque se alejaba tanto de mi al sentir algo de la obvia conexión que teníamos.

Aun así, sigo pensando que es algo injusto, yo jamás podría hacerle daño o algo parecido a lo que tuvo que vivir con su exnovio.

De solo pensarlo la sangre me hervía.

Ojalá ella nunca hubiera paso por eso.

Ojalá haberla conocido antes y evitar que eso sucediera.

(...)

Ya llevaba una semana aquí en Paris y como siempre, Amanda no me había buscado. Ni siquiera preguntó si llegue bien.

Esta situación me está cansando. Siempre debo ser yo quien la busca.

Como mi madre había venido por trabajo se la pasaba todo el día en reuniones o dentro de distintos proyectos, así que estaba solo casi siempre y aprovechaba de recorrer y conocer la ciudad por mi cuenta.

Es precioso aquí.

Desde donde estaba tenía una gran vista hacia la torre Eiffel. La ciudad es esplendorosa y vibrante, todos visten a la moda y la comida es fenomenal.

Aprendiendo a amarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora