35. Cena

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CAPÍTULO 35.

EVAN.

Vale, estaba muy nervioso, lo admito. Las manos me sudaban y caminaba de un lado a otro intentando calmarme, pero me era imposible. Alguien tocando en la puerta de la habitación me salvo del colapso que estaba teniendo en ese momento. 

Me acerqué para abrir y al otro lado se encontraba Kevin y Hugo con una gran sonrisa triunfante.

-Está todo listo, la reservación es para las seis de la tarde -dijo Hugo entrando y sentándose en la cama-

-Bien -solté más relajado- ¿Siguen en la playa?

-No se han movido de ahí -Kevin estaba apoyado en la puerta mientras lucía relajado- 

¿Cómo podía estar tan relajado?

Seguíamos en el hotel de Chicago ya que decidimos quedarnos todo el finde semana, así que Amanda, Daniela y Celeste se habían ido temprano a la playa, según ellas para un día de "chicas", en donde aprovecharían de broncearse y cotillear lejos de nosotros. Aproveché esta oportunidad para preparar algo que tenía en mente desde hace mucho tiempo, y los nervios se hacían cada vez más presentes.

-Y... ¿Qué pasa si dice que no? -el miedo me invadió y comencé nuevamente a caminar por toda la habitación-

Kevin se acercó a mi lado y me detuvo por los hombros -Tío, relájate. Créeme, la conozco hace años y siempre ha tenido esa estúpida norma de no tener novios ni enamorarse, pero desde que te conoció a ti, eso ha cambiado por completo. Nunca la había visto así por ningún chico, y a dejado de lado todos sus miedos sobre el amor para arriesgarse contigo, no dirá que no.

Asentí ante sus palabras, es verdad, y me lo dejó bastante claro todo el tiempo que estuve intentado que saliera conmigo. Y desde que me había dicho la noche anterior "Te amo", mientras me miraba a los ojos, supe que es ella a quien quiero tener a mi lado y hacer feliz todo el tiempo posible. 

(...)

Ya casi se acercaban las seis, Celeste conocía mi plan así que mantuvo a Amanda alejada todo el tiempo posible y después de varias horas en la playa, la llevo a su cuarto para arreglarse e ir a una supuesta cena de amigas. 

Me miré al espejo por última vez y me sentí satisfecho con mi apariencia. Llevaba puesto un traje negro y debajo una camisa blanca con los primeros botones desabrochados, no quise usar una corbata para no darle tanta formalidad. Mi cabello lo llevaba peinado pero al mismo tiempo desordenado dándole un estilo más casual. Salí de la habitación para dirigirme al restaurante que se hallaba a unos cinco minutos del hotel. Este era enorme y moderno, los muebles lucían lujosos y también las personas que se encontraban comiendo ahí. También habían enormes ventanas por todo el lugar dando vista hacía la gran ciudad iluminada. Después de admirar el lugar, fui hasta la recepción para que me llevaran hasta la mesa reserva y dar algunas últimas indicaciones.

Me llevaron hasta la mesa y me senté a esperar a Amanda, Celeste recién me había mandado un mensaje diciendo que ya venían en camino.

Y nuevamente, comenzaron a sudarme las manos y mi pierna no dejaba de moverse inquieta, mientras esperaba ansioso.

Amanda.

-Estás actuando muy rara -fruncí el ceño-

Desde que habíamos vuelto de la playa solo quería irme a mi habitación a descansar y estar con Evan, pero Celeste había insistido en ir a cenar las tres y que debía arreglarme, pero solo me apetecía seguir con mis cómodos shorts y mi top. Me obligó a usar un vestido color vino que se me pegaba al cuerpo con la excusa de que "quedaba bien con mi tono de piel", también me pasó unos tacones negros y me maquillo de manera sutil y dejando mi cabello suelto pero con algunas ondas.

Aprendiendo a amarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora