Capítulo 3

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Entré en silencio, azotando la puerta ligeramente, después de que Kristal entrara.

Mi día estaba siendo bastante complicado, y por ahora, solo tenía ganas de dormir o de llorar.

No había otras opciones.

El aroma de la comida que mi madre preparaba en la cocina, inundó mi nariz de repente, haciéndome creer que aún se podía arreglar la tarde con algo.

Ella se asomó por la puerta de la cocina, mirándonos a través del pasillo que separaba a la sala y la cocina con el recibidor.

-¡Kristal! Cariño, tenía tiempo sin verte por aquí.

La miré confundida y negué en mi cabeza.

-Estuvo aquí el jueves, con Noah, y el día de la fiesta vino también. ¿Qué rayos contigo mamá?

La corregí, y me miró, algo sorprendida y confundida por mi actitud.

Alzó las cejas y miró después a Kris, quien soltó una leve risa.

-No importa, me da gusto verla señora Evans.

Kristal abrazó a mi madre y ella le sonrió.

Ignoré su conversación y caminé hacia las escaleras, para dirigirme hacia mi habitación.

Me encontré con Josie, buscando entre las cosas de mi tocador.

Observé que tenía maquillaje por toda la cara, y un fuerte color en los labios.

Sus manos estaban manchadas del mismo tono de labial, al igual que mi tocador.

-Maldición Joseline, ¿no puedes solo desaparecer un día? Sal de mi cuarto, niña.

Puse los ojos en blanco furiosa y ella rió.

-¿Puedo tomar el labial?- Preguntó, sonriendo.

Observé a mi hermana, quien enroscaba su cabello entre sus dedos.

-Tómalo y vete de aquí, deja de molestarme.

Miré una de mis almohadas sobre mi cama, también sucia con labial.

-Mierda Josie, largo de aquí.

La tomé del brazo y la llevé hasta el pasillo.

-¡Le diré a mamá que me jaloneaste!- Gritó, ocasionando una pelea.

Tan solo segundos más tarde escuché los gritos de mi madre, reprendiéndome por sacar a la fuerza de mi habitación a mi hermana, y por haber dicho una grosería.

Kristal observaba todo entretenida en las escaleras, recargada en la pared.

Las cosas eran así siempre.

Joseline venía y me molestaba, no importaba la hora que fuera, cuando tenía oportunidad lo hacía.

Se metía con mis cosas, incluso hasta llegaba a hacer travesuras.

Y aún así, mis padres siempre pasaban todo por alto, y me regañaban a mí cuando las cosas explotaban entre las dos.

Finalmente se fue, dejándome tranquila y Kristal entró a mi habitación después.

Cerró la puerta mientras yo me aventaba a la cama, cansada y algo harta de todo.

Aventé la almohada sucia al suelo y me tapé la cara con otra.

-¿Estás bien?- Preguntó Kris.

Sentí como la cama se movía al instante en que Kristal se sentaba a mi lado, debido al peso.

No Te Enamores // Ross Lynch ¡Lee esta historia GRATIS!