Capítulo 2

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Apenas y pude dormir bien durante los últimos dos días.

Mi cabeza estaba revuelta y aún me encontraba confundida, negándome a la idea de terminar con Daniel.

Simplemente no toleraba el pensar en no estar con él, no lo soportaría de ninguna forma.

Ni podía dejar que eso sucediera, no quería perderlo.

Daniel había sido, el mejor novio hasta ahora.

Conocía tantas cosas de mí, y yo de él.

El primer chico con el que había estado y con quien había compartido tantos recuerdos en todos estos meses juntos, lo cual sólo complicaba más mi situación.

Lancé un enorme suspiro antes de bajar por las escaleras y encontrarme a mi familia en el bonito comedor, teniendo un desayuno tranquilo antes de que cada quien partiera para llevar a cabo sus actividades diarias.

Mi madre me dedicó una mirada rápida, analizando mi actitud, decaída.

Mi padre únicamente mantenía su vista fija en el periódico.

Y Josie, mi hermana menor, miraba el envase de la leche mientras que se llevaba un trozo de fruta a la boca.

Observé mi plato, repleto de frutas y bastante miel y yogurt.

Hice un mueca al no sentir nada de hambre y detuve a mi madre justo cuando planeaba llenar mi taza de café.

-Está bien así, no tengo mucha hambre. Sólo comeré esto, además, Noah no tarda en llegar.

Le dije y suspiró.

-¿Qué sucede contigo? Apenas y saliste de tu habitación el fin de semana.

Josie observó con curiosidad la conversación y rió en voz baja.

-¿Qué te provoca tanta gracia, Joseline?

Pregunté, molesta.

No era mi día, de nuevo.

Probablemente no era mi mes, ni mi año.

-Amargada, sólo sonreí.

Contestó y le dediqué una mirada amenazante, para que callara de una vez por todas.

El timbre de la casa sonó de repente, interrumpiendo nuestra no tan amable conversación.

Me levanté de mi asiento y corrí hacia la puerta, para encontrarme con el rostro de Noah, sonriéndome.

-Hola bobita.- Me dijo riendo.

Me lancé a abrazarlo en cuanto pude finalmente y me correspondió.

Regresé por mi mochila al comedor y mi madre me miró, angustiada.

-____, no terminaste el desayuno.

-¡Hola tíos, hola Josie!- Saludó Noah desde la puerta.

-Estaré bien, los veo después, ¿de acuerdo? Adiós papá, mamá y pequeña mocosa.

Dije riendo.

Mi padre asintió sin dejar de leer el periódico aún, mientras que Josie me enseñó la lengua y mi madre sólo negó, desaprobando mi conducta mañanera.

Cerré la puerta detrás de mí y caminé junto a Noah.

El silencio solía ser muy incómodo cuanto te encontrabas triste, o vacío.

Simplemente sin nada en que pensar, o nada por decir.

Sin embargo, parecía que Noah tenía el poder de leer mi mente, pues de inmediato entendió que algo me sucedía aún.

No Te Enamores // Ross Lynch ¡Lee esta historia GRATIS!