EPÍLOGO

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Los fuegos artificiales inundaban el cielo con sus hermosos colores.

Le di un buen trago a mi bebida, mientras brindábamos por el comienzo de un año más.

Abracé a Noah y a Kristal, eternamente agradecida con la vida por permitirme tenerlos conmigo, siempre apoyándome y aconsejándome cuando más lo necesitaba.

La música había vuelto a sonar, y ahora la fiesta comenzaba de verdad.

Había chicos y chicas divirtiéndose en las orillas del mar, o jugando voleibol.

O simplemente cantando y bailando junto a enormes fogatas en la misma playa.

Nuestra idea de organizar una fiesta de Año Nuevo entre estudiantes en las hermosas playas de Los Ángeles, había resultado un éxito.

Y aunque hacía algo de frío, la noche era increíble, y el viento se dejaba de sentir después de un par de tragos.

Caminé con Kristal hasta la orilla de la playa, sintiendo como nuestros pies se llenaban de arena.

Noah llegó de repente, junto con su amigo Michael, a quien ya conocíamos.

Mi primo nos arrojó hacia el mar, haciendo que termináramos terriblemente mojadas por el  agua fría.

Perseguimos a Noah, mientras que Michael solamente reía y disfrutaba del momento.

Miré mi short de mezclilla, ahora completamente empapado, al igual que la playera roja y corta que usaba.

Mi cabello estaba bastante mojado y mis rizos habían desaparecido.

Miré a Noah y le di un buen empujón, haciendo que cayera a la arena.

Kristal de inmediato se arrojó sobre él, dejando un montón de besos sobre toda su cara.

Ambos terminaron abrazados y recostados sobre la arena.

-Vaya, ¿pueden dejar eso para después? De preferencia cuando ___ y yo no estemos.

-¿Cuando piensan confirmar su relación? En cada fiesta se besan.

Kristal me miró, amenazándome y reí.

Michael caminó con el resto del equipo de fútbol, debido a que habíamos sido ignorados por Noah y Kristal.

Puse los ojos en blanco y caminé, alejándome de ellos.

Busqué alguna cerveza en cualquiera de las millones de cajas que se habían comprado para la fiesta.

Finalmente encontré una y la abrí, con cuidado.

Le di un buen trago y tararee una canción mientras la escuchaba de lejos.

Me acerqué a una fogata, que se encontraba a unos metros del mar.

Se respiraba tranquilidad en ese ambiente, lo cual me hacía mucha falta durante esos últimos días.

Abrí los ojos como plato al notar a ese rubio apuesto en el mar.

Intenté desviar la mirada y concentrarme únicamente en mi cerveza.

Lo miré de reojo, notando como se pasaba las manos por el cabello, acomodándolo.

-¡Ross! ¿Vienes?

Escuché que alguno de sus amigos le gritó, y éste sonrió.

Me levanté de inmediato, esperando a que no me notara y pudiera irme sin problemas.

Lástima que eso no funcionó.

El rubio me observó en cuanto caminé, alejándome más del resto de las personas.

No Te Enamores // Ross Lynch ¡Lee esta historia GRATIS!