Capítulo 9

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Finalmente lo había logrado.

Miré a la pequeña Rydel Lynch, profundamente dormida y descansando dentro de su pequeña cama.

Acostada mientras abrazaba un bonito unicornio de peluche, con su rubio y rizado cabello revuelto, y esbozando una ligera sonrisa.

Acomodé la protección de la cuna, colocando la barrera y asegurándola.

Apenas darían las tres de la tarde, y me alegraba que Rydel se hubiera dormido tan rápido pues tendría algo de tiempo libre en lo que despertaba.

La señora Lynch había salido desde hace unas horas, y no sabía cuando regresaría exactamente.

Ross y yo únicamente nos habíamos visto un par de veces, pero sin dirigirnos la palabra.

Recordaba lo que había sucedido ayer, la tremenda golpiza que Noah le había dado a Daniel y la forma en la que este último se había comportado.

Cerré la puerta percatándome que el pequeño radio con el que vigilaba a la pequeña rubia, no se encontraba en la mesita de noche.

"Probablemente lo dejé en el estudio hace unas horas", pensé.

Caminé hacia el estudio, deteniéndome al escuchar una voz bastante agradable y hermosa, siguiendo la letra de una canción.

Seguido de eso, escuché una guitarra con el mismo ritmo.

Abrí un poco la puerta del estudio, quedando asombrada.

Ross Lynch tocaba la guitarra, y cantaba bastante bien.

Mantenía sus ojos cerrados mientras seguía con la música

Algunos mechones de su cabello rubio caían por su frente, pero ni siquiera eso lograba distraerlo.

-"And girl, when there's nobody else around, I'll make it okay to come down"

Falló en una nota con la guitarra de repente, y maldijo en voz baja.

Abrió los ojos, percatándose de mi presencia y reaccionando bastante mal.

-Mierda, ¿qué haces aquí? Podías haber tocado antes de entrar.

Soltó, bastante molesto.

Dejó su guitarra en el suelo, junto al escritorio y se acomodó el cabello.

-Tienes una voz increíble, y creo que eres muy bueno con la música. ¿Cómo es que nadie sabe de esto en la preparatoria, Ross?

Pregunté, confundida.

-¿No tendrías que estar cuidando a Rydel?- Reí.

-Tu hermana está dormida.

Me miró pareciendo sorprendido y sonrió.

-Vaya, si que eres buena, yo nunca puedo hacer que duerma.- Se quejó.

El silencio se apoderó de la conversación de repente, haciéndolo bastante incómodo.

Me aclaré la garganta y sonreí.

-Solo quería revisar si no había dejado el radio de la bebé por aquí.

Comenté.

Ross se fijó en el escritorio y finalmente me lo entregó.

-Gracias.- Dije, disponiéndome a salir de ahí.

Ross me interrumpió, llamándome.

-___, no le digas a nadie de esto, por favor.

Me pidió, casi suplicando.

No Te Enamores // Ross Lynch ¡Lee esta historia GRATIS!